Respeto de las leyes de la vida y "Eugenética"
en un escrito del Prof. José Moscati

a cargo de Alfredo Marranzini s.j. - Egidio Ridolfo s.j.
[Traducción de las Monjas Adoratrices Perpetuas]

Actualidad del escrito de Moscati (Egidio Ridolfo s.j.)

Se intensifica en estos años el debate sobre los problemas éticos surgidos en torno a las grandes posibilidades que ofrece hoy la llamada “ingeniería genética”. Mediante diversas técnicas que intervienen en aquellos delicados problemas biológicos que son el origen del desarrollo de la vida humana, sea antes que después de la fecundación, cuando ya nos encontramos enfrente del primer núcleo de una persona humana. Se trata de intervenir con donaciones, de ayudar a familias que por medios naturales no pueden tener hijos, pero algunos procedimientos pueden, en efecto, y, a menudo, se convierten en una “selección” de embriones humanos considerados más sanos, mientras vienen eliminados muchos otros clasificados como no idóneos.

Moscati evidencia lo sagrado de la familia, que se debe defender de todas las interferencias indebidas.
[Foto Massimo Rastrelli s.j.]

En los tiempos de Moscati- primer decenio del siglo XX - la ciencia médica no permitía operaciones semejantes, pero ya _ sobre el impulso de ideas de “pureza de raza”_ se proponían métodos para “seleccionar” los individuos idóneos al matrimonio. Mientras tanto, se pensaba “esterilizar” a las personas afectadas de enfermedades de varios generos, físicos y mentales, pues así no habrían podido “contaminar” determinadas características raciales.

Es notorio como estos métodos fueron, después de realizados, puestos en acto del nazismo de Hitler y condujo al falso presupuesto de la superioridad de la así llamada “raza aria” sobre otras, a la adopción de una serie de “leyes racistas”, en Alemania y después del reflejo, también en Italia. Viene impuesta una serie de prescripciones y prohibiciones para salvar a los “arios” y excluir –también físicamente- a las así nominadas “razas inferiores”, en primer lugar, los hebreos. Se llega así a las infernales anomalías de los campos de concentración, de los cuales Auschwitz es solamente el nombre más tristemente famoso. S.Edith Stein, por citar solo un nombre particularmente significativo, fue una de las víctimas de esta locura ideológica. En Alemania, se encauzó además concretamente-en el campo de los mismos “arios” – un proceso de selección de hombres y mujeres de la cual unión debía tener origen una verdadera “elite racial”, destinada a estar bajo la guía del estado.

Moscati vivió en años que anticiparon estas trágicas consecuencias, en los cuales avanzaban las promesas que después las habrían hecho posibles. En el 1925, dos años antes de su prematura desaparición, interviene en esta propuesta con un escrito que fue publicado como prólogo del libro Eugenética, que tiene como autores los jesuitas José De Juan y el médico prof. Mario Mazzeo. Este texto de Moscati ha sido reeditado, junto con otros escritos del santo, por el P.Alfredo Marrazini, en el volumen José Moscati, modelo del laico cristiano de hoy. Ediz.ADP, Roma 2003.

Nota de introducción (Alfredo Marranzini s.j.)

Con el advenimiento del fascismo se determinó un movimiento para proteger la raza humana del decaimiento, buscando la llamada al matrimonio de la especie, sólo de individuos sanos. El secretario de moralidad, instruido por la junta diocesana de la acción católica de Nápoles, se interesó en el 1925 por la publicación de un volumen con título Eugenética (1)), en la cual, en la primera parte, el Padre José De Juan (2) expone los principios morales respecto al catolicismo, y en la segunda parte, el Prof. Mario Mazzeo, los aspectos científicos.

Moscati aceptó escribir el prólogo, en el cual revela la preparación científica, la sensibilidad y la profunda adhesión a los valores de la vida. En sus tiempos, algunos eugenésicos, para proteger la raza humana del “decaimiento”, sugerían medios de libertad y de leyes biológicas y, por consiguiente, de la ética.

Por esta causa, Moscati condena la esterilización, las prácticas malthusianas y las normas contra la libertad del matrimonio. Pone mucha más confianza en los sabios recursos de la naturaleza, capaces de restablecer el equilibrio eugenético según las leyes genéticas-biológicas, por las cuales sobre la destrucción de “familias degeneradas, nuevos gérmenes reproducen la eterna primavera de la vida”. Por eso invita a los legisladores a tutelar la salud moral” con una política de elevación de valores religiosos y morales del pueblo, y mejoramientos económicos”. He aquí el texto (3).

Prólogo del Prof. José Moscati al texto de "Eugenética"

El movimiento moderno sobre eugenética ha provocado congresos, votos, propuestas; ha inundado el mercado de la librería de publicación y justamente ha preocupado a moralistas y filósofos porque, partiendo de una concepción altísima, la de proteger la raza humana del decaimiento, tratando de llamar al mantenimiento de la especie solamente individuos sanos, de los cuales preferiblemente puedan obtenerse nacimientos sanos, propone para conseguir este fin, de los cuales algunos aparecen como perjudiciales para la libertad humana, de la ética y economía de la vida y anti fisiológico.

En Inglaterra, el movimiento está vivo, al menos en lo que se refiere al “birth control”,y trabajan fuertemente médicos, moralistas y hombres de gobierno, para que se traduzca en lengua pobre, en una limitación de nacimientos más temerosa como en la cercana Francia.

Los lectores encontrarán expuestas en este volumen las razones, que hacen inaceptables muchas de las propuestas formuladas por los eugenísticos, para la realización de su descubrimiento.

No es que se tomen tales propuestas sin mucho escepticismo, para eliminar débiles, tuberculosos, sifilíticos, los mendigos de la procreación, o sea, las propuestas de esterilización sexual, de práctica en leyes biológicas, del certificado prematrimonial. Sin duda, sobre las dos primeras, los eugenísticos más sabios no insisten: son medios inhumanos, anti sociales, y por desgracia conocemos cual puede ser el porvenir de una nación dividida por las leyes biológicas, de la población de “hijos únicos”, la confusión nerviosa de aquellos que bloquean la fecunda y sublime maternidad! Existen leyes que prohíben la esterilización sexual en los animales domésticos, que se quiere sancionar para los hombres.

El certificado prematrimonial vendría a ser un tercer obstáculo, además del alcalde y del párroco, una unión, que terminará por no darle importancia a dichos obstáculos. ¿Quizás no es de cada día conocer matrimonios de personas con gran diferencia de edad, o de mujeres que tendrán que ser sometidas en el parto a cesáreas, o de incapacitados que llevan escrito en la frente el certificado de una mala constitución física?

¿Cómo impedir estos matrimonios, si fueron fruto de una libre elección? ¿Y qué médico podría conscientemente afirmar que el joven que aspira fuertemente a pedir la mano de una joven es inmune de sífilis? ¡-Entonces se necesita la formación de una nueva rama de medicina legal (como el estudio de las lesiones, como el reconocer las simulaciones) que afine los medios para revelar en el organismo de un hombre y de una mujer la existencia de enfermedades que escondían secretamente!...Terminaría por quedar la burocracia del matrimonio, mientras se desvanece la poesía y el amor llora a un lado; los esposos serían como sementales con el certificado de sangre pura o mezclado o de proveniencia estable… ¡Oh, cómo quedaría antes de tiempo destruida la dulce inconsciencia y la inocencia de una esposa virgen!

"No envenenemos pues el amor". Cuanto Moscati escribía está en perfecta sintonía con las repetidas exhortaciones de Juan Pablo II y Benedicto XVI.
[foto Massimo Rastrelli s.j.]

Y después, me pregunto, ¿hubiéramos tenido, estando el certificado prematrimonial, grandes hombres, como el Helmholtz (4) con su hidrocéfalo, Santiago Leopardi, algunos excelentes músicos tísicos, etc.? Con frecuencia, grandes almas viven en cuerpos detestables.

Por lo menos es muy discutible el valor práctico del certificado prematrimonial. No es fácil promover el modo de obtener algún resultado, si no en la propaganda religiosa y moral, y en la continencia: seres tarados, débiles, deben sentir el deber de abstenerse, si tienen la fuerza; y todos los jóvenes deberían comprender que la práctica de la continencia es el mejor modo para mantenerse lejos de las enfermedades que se pueden transmitir, que es el símbolo del pecado original, la sífilis, y manteniendo el espíritu y el corazón lejos de las palabras obscenas, en un ejercicio de renuncia y de sacrificio, se debería jurar conceder madurez y salud sexual sólo al ser únicamente amado.

En Italia meridional, entre los campesinos, vemos aún, y no en otros pueblos, familias numerosas de hermosísimos hijos, como la familia de Gervasio de "Fécondité" del Zola (5) hijos engendrados por dos seres fuertes, que se amaron simplemente como los pájaros de las montañas y no quebrantaron jamás su fe.

Mas por desgracia las dificultades económicas, las emigraciones lejos de la casa paterna, el urbanismo, con los infinitos placeres y vicios, y las visiones impuras y el tumulto orgiástico de las metrópolis, hacen caer a los jóvenes víctimas del pecado específico del hombre. La lujuria como la soberbia, fueron el pecado específico de los Ángeles degenerados; y las esperanzas de redención son muy escasas. Las estadísticas hablan de un porcentaje enorme de personas con la sífilis (6) después de los veinticinco años de edad ¡(lesser)!...

También los propósitos de continencia, por tanto, reciben de la vida moderna durísimos golpes; y sin certificado prematrimonial y medidas de represión eugenética, el mundo se puebla de hijos, a pesar de buscar el impedimento de la maternidad con la cobardía del aborto, con la impiedad del infanticidio y con el egoísmo del malthusianesimo. Es por desgracia verdad que el resultado de una lucha comprometida para defender la continencia, el mejor medio eugenético y noble, en una época evidentemente tan corrupta, sería lo mínimo; y resulta oportuno al respecto el dicho escultural de S. Agustín sobre la castidad no protegida: "communis pugna, rara victoria".

Pero no se necesita por eso rendirse, sino sentir vehementemente la necesidad de invocar que los pueblos den nuevamente el obsequio a los grandes principios religiosos cristianos, capaces no sólo de impedir las pasiones, sino más bien de ennoblecerlas, cambiándolas al bien. Y son motivos de consuelo las noticias que nos llegan cada día de los distintos países, después de las convulsiones posbélicas, de grupos de jóvenes que se apartan de los placeres, y se preparan en un duro noviciado para las luchas del mañana, contra las injurias del vicio y los exaltados aspectos trágicos de nuestra época.

El esfuerzo de los hombres de gobierno tiene que tender a facilitar y no a limitar los matrimonios, que en una edad juvenil, antes de una probable sífilis, porque los matrimonios están en una profilaxis física y moral. Porque tanto sirve una política de elevación de valores religiosos y morales del pueblo como de mejoramientos económicos.

Y en el reflorecer de tantos nacimientos, se necesita no desanimarse: serán sobretodo las leyes naturales las que restablezcan el equilibrio eugenético. ¿No nos enseñan tal vez las leyes de Mendel (7) que el tipo original tiende a reproducirse a través de las desviaciones de los cruces, anque se haya perdido en las siguientes generaciones? ¿Y sobre la destrucción de las familias degeneradas, nuevos gérmenes no reproducen la eterna primavera de la vida?

¡Los así llamados cromosomas saben agruparse mejor de cuanto dispongan sobre ellos los eugenéticos! ¡Y cuando ellos quieren… cien no pueden! La disciplina del matrimonio puede ser espontánea, no impuesta. Por lo tanto no envenenemos el amor, que brota en dos tiernos corazones, esperanza de la raza, con intromisiones de investigaciones médicas que rompen un encantamiento, turban el estado de ánimo y retraen la mirada a la sensualidad. Sobre este amor, es el ojo vigilante del padre y de la madre más que la del legislador: a ellos la decisión.

Preferiblemente, proclamemos un cruce para que nuestro hijos sean educados cristianamente, formados o no, según los dictámenes eugenéticos, para que sepan así encontrar de nuevo la virtud del sacrificio y de la renuncia, si es necesaria, o conozcan la ventaja de no haber confundido su propia sangre Purísima y su propia alma sino con la sangre y el alma del ser amado. Los hijos vendrán somáticamente sanos y, lo que interesa más, fuertes espiritualmente.

José Moscati


Nota:

1. J. De Juan - M. Mazzeo, La Eugenética, Nápoles 1925.
2.
Nació en Benevento, entró en la Compañía de Jesús el 30 de Julio del 1897, ordenado sacerdote el 29 de Julio del 1907, fue rector del Convitto Pontano-Conocchia de Nápoles, del Pontificio Seminario regional de Catanzaro, Ordinario de historia eclesiástica y Director de la Facultad de teología S. Luís de Posillipo - Nápoles; Provincial de los Jesuitas de Nápoles. Murió en Nápoles el 26 de abril del 1967. Fue intimo amigo de Moscati y cabeza en el proceso apostólico, Cf.Summarium, Pág. 355-363, par.1234-1255.
3.
Prólogo a J. De Juan - M. Mazzeo, La Eugenética, cit., Pág. I-IV.
4.
Hermann Ludwig Ferdinand Helmholtz, fisiólogo, matemático y físico, nació en Potsdam el 1821, murió en Berlín en el 1894.
5.
Émile Zola (nació en Paris el 2 de abril del 1840 y allí murió el 29 de septiembre del 1902) publicó en el 1899 el romance Fécondité como primer ciclo de los Evangiles.
6. Edmund Lesser, nació el 21 de mayo del 1852 en Niesse y murió en Berlín el 7 de junio del 1918, fue profesor de dermatología y sifilografía primero en Berna (1892), después en Berlín (1896), donde fundó un instituto para fotografía y rontgenterapía, en el cual se descubrió la espiroqueta de Shaudin-Hoffman, agente de la sífilis.
7. Gregorio Juan Mendel, monje moravo, nació en Heizendorf en el 1822 y murió en Brunner en el 1884, desde el 1865 comunicó a la Sociedad de los naturalistas de Brunner la memoria: Experiencias sobre híbridos de las plantas, que es considerada la piedra miliar de la biología moderna.


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