Teresita: la Venerable María-Teresa González-Quevedo

de la Congregación Mariana de Madrid - 1

Egidio Ridolfo s.j.
(traducción de Eloy José Santos)

1 - María-Teresa González-Quevedo y la Compañía de Jesús -- Los primeros años -- La Congregación Mariana -- Una oración cargada de... consecuencias
2 - Hacia la decisión definitiva -- ¡La noticia! -- Ingreso en el Noviciado y... ¡nieve!
3 - Teresita novicia en Carabanchel -- El último mes de mayo -- "¡Me ha tocado el primer premio!"

La Ven. Maria-Teresa González-Quevedo

María-Teresa González-Quevedo y la Compañía de Jesús

El 9 de junio de 1983 el papa Juan Pablo II proclamó Venerable a una joven española de Madrid: María-Teresa González-Quevedo, que sólo había vivido veinte años, del 12 de abril de 1930 al 8 de abril de 1950. De este modo, la Iglesia coronaba oficialmente esta vida breve, pero intensamente vivida, que llegó a su fin en el noviciado de las Carmelitas de la Caridad, congregación en la que hubiera deseado pasar toda su vida, en la oración y en el apostolado activo, pero también con el deseo declarado de trabajar en tierra de misión.

La vida de esta joven madrileña está vinculada por diferentes lazos con la Compañía de Jesús. De hecho, Teresita (como la llamaban habitualmente) conformó su vida espiritual a través de su participación activa en la Congregación Mariana, que ya frecuentaba en el Instituto de las Carmelitas de la Caridad, donde realizaba sus estudios.

Es bien sabido que las Congregaciones Marianas tienen su origen precisamente en la Compañía de Jesús. Los jesuitas las han ido difundiendo en buena parte del mundo católico como un "camino" de compromiso cristiano abierto especialmente a los jóvenes, que de este modo se hacen portadores, en su ambiente, su familia, su puesto de trabajo y actividades apostólicas, de los valores de una espiritualidad madurada gracias a los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas.

Un "camino", el de la Congregación Mariana, caracterizado por una base teológica de distintos niveles (según las diversas tipologías de congregados), de oración constante y de frecuente revisión de vida, reforzada por la participación anual en los Ejercicios Espirituales, que tiene como punto de referencia a la Virgen María, contemplada, por un lado, en su escucha y su vivencia de la Palabra de Dios, y por otro en su deseo ferviente de comunicar a los demás la riqueza recibida. También hoy día están presentes estas compañías en el mundo católico, se han adaptado en sus formas a las condiciones sociales cambiantes de nuestro tiempo, y ahora reciben el nombre de Comunidades de Vida Cristiana (CVX).

Otro lazo con la Compañía de Jesús lo constituye el hecho de que en la familia de la Ven. María-Teresa había ya dos jesuitas. Se trata de dos hermanos del padre de Teresita, uno de los cuales es el P. Antonio González-Quevedo. Teresita recibirá precisamente de sus manos la primera Eucaristía.

El período de su vida no fue desde luego sereno: lo atraviesa la Guerra Civil, durante la cual se desencadenó una verdadera persecución religiosa que provocó la muerte de 7.000 sacerdotes y 13 obispos. Entre estos mártires se cuentan también tres hermanos del padre de Teresita.

María-Teresa González-Quevedo con tres años

Los primeros años

María-Teresa González-Quevedo nació en Madrid el 12 de abril de 1930, después de su hermanos Luis y Carmen. El padre, Calisto González, era un conocido médico de la capital. La madre de Teresita era María del Carmen Cadarso, sobrina del almirante Luis Cadarso y Rey, caído en el campo de batalla en 1898, a bordo del crucero Reina Cristina.

Creció en una casa grande en el centro de Madrid, en el corazón elegante de la capital: la Plaza de Oriente, frente al Palacio Real. Sus primeros años transcurrieron serenamente; su escuela fue el Instituto de las Carmelitas de la Caridad. A esta elección contribuyó el hecho de que una tía de Teresita, Sor Carmen, era profesora del Instituto. La misma que, años después, la acogería como Madre Maestra del Noviciado.

De la escuela María-Teresa amaba el ambiente, y un poco menos el estudio... Le entusiamaban sobre todo los partidos de pelota, para los que elegía cuidadosamente a las compañeras de equipo... Como era buena jugadora la apreciaban mucho. Además era generosa en las cosas pequeñas de todos los días, por lo que a menudo recurrían a ella.

Una madrileña auténtica, con un extraordinario sentido del humor. Una chica como las demás, pero con una inquietud en el alma... que poco a poco la llevaría muy lejos, más allá de lo que ella misma era capaz de prever, hasta la entrega total al Señor. De esta "inquietud" conservamos la primera huella en un apunte que escribió cuando tenía sólo diez años, y que muestra también sus peleas con la ortografía: "E decidido ser santa".

La Congregación Mariana

María Teresa alcanza los trece años con una fisionomía interior y un carácter ya bien definidos. No es alta, pero sí bien proporcionada y ágil. Rubia, de ojos azules ligeramente rasgados y una manera de ser que invita a la sonrisa. Quien la conoció la recuerda muy elegante y con un aire distinguido e inconfundible. Durante este período tuvo la oportunidad de desarrollar los fundamentos de su vida espiritual gracias a un cursillo de Ejercicios Espirituales que tuvo lugar en su Instituto.

Su carácter se iba mostrando decidido y valiente. Aprendió pronto a conducir, y su padre nos contaba que tenía que tener mucho cuidado con ella, porque Teresita se lanzaba por las calles sin temor ni titubeos. Una vez se ofreció para perforar los lóbulos de las orejas de una amiga que quería ponerse pendientes. Apenas empezada la operación, la "víctima" se sintió mal y perdió el sentido. Pero Teresita, hija de médico, sin preocuparse demasiado por el incidente, lo consideró una buena ocasión para continuar su trabajo, y se aprovechó de la inconsciencia de de su amiga para colocarle de inmediato los dos pendientes. Una firmeza pues que se unía a un sutil equilibrio, una calma que le permitía un dominio característico en las diversas situaciones.

Precisamente en los años en que María-Teresa asistía al Instituto, se instituyó la Congregación Mariana, que mostró inmediatamente exigencias difíciles de afrontar. Teresita se sintió desde el primer momento conquistada por este ideal, en el que se fundía su especial devoción a la Virgen.

Los compañeros de Teresita fueron testigos de que con su participación en la Congregación Mariana dio comienzo en ella una auténtica evolución interior, sorprendente y definitiva. Su hermana Carmen recuerda: "Dio un cambio verdaderamente radical y palpable, que notamos todos los que la rodeábamos. Aunque siempre había sido muy rica en su manera de ser, tenía algunos defectillos muy corrientes en las niñas de su edad, de las que se diferenciaba en escasísimas cosas. Pero en este época de su vida en la que, a mi modo de ver, fue donde ella empezó a ser poco corriente, dio un verdadero cambiazo".

Pero tampoco esta "mutación radical" hizo disminuir su entusiasmo y su alegría "contagiosa", que fue una constante de su vida.

A todas las congregadas marianas se les entregaba una medalla. Según la costumbre, María-Teresa tenía que escoger una frase para grabar en ella. Eligió una que expresaba su programa de vida: "Madre mía, que quien me mire, te vea."

María-Teresa: "¡Jesús ama la juventud, con sus alegrías y sus ilusiones!"
(dibujo de Amelia Ippolito)

Una oración cargada de... consecuencias

Durante una celebración mariana del mes de mayo, resulta que Teresita dice una oración especial, expresando algo que siente profundamente dentro, aunque todavía de un modo no muy claro: "¡Madre mía, dame vocación religiosa!" Como se verá más tarde, se trataba en realidad de la respuesta a la llamada del Señor hacia una consagración total. María-Teresa se sintió casi turbada, comprendiendo el alcance de su oración. "Cuando salía - confesará después a una amiga - me entró un miedo terrible, pensando: '¡Mira que si la Virgen me la da de verdad!...'"

Este deseo de entrega total al Señor surge espontáneamente durante una tarde de domingo, mientras Teresita conversa con una compañera. Esta amiga le dice en un determinado momento: "Yo viajaré, me divertiré mientras sea joven, y cuando sea más vieja, entraré en el Convento para asegurarme el Cielo". La respuesta de Teresita fue inmediata y reveladora: "¡Qué tacaña y egoísta! ¡como que te crees que Jesús te va a admitir ya achacosa, cuando hayas ofrecido lo mejor de tu vida al mundo! Jesús tiene mejor gusto, y quiere como ofrenda la juventud con sus alegrías y sus ilusiones."


1 - María-Teresa González-Quevedo y la Compañía de Jesús -- Los primeros años -- La Congregación Mariana -- Una oración cargada de... consecuencias
2 - Hacia la decisión definitiva -- ¡La noticia! -- Ingreso en el Noviciado y... ¡nieve!
3 - Teresita novicia en Carabanchel -- El último mes de mayo -- "¡Me ha tocado el primer premio!"



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