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Teresa de Lisieux Pierre Descouvemont |
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[Publicado en "Teresa de Lisieux", n.776, marzo 1998]
El Padre Jacques Sevin que, después de la guerra (1914-1918), fundó los Scouts de Francia, estaba cautivado por Espíritu de Santa Teresa de Lisieux y trataba de comunicarlo en las unidades scouts de las cuales era asistente. "Es necesario, él decía, enseñar a los niños como hacerse hombres, enseñando a los hombres a hacerse niños".
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Esta amistad del Padre Sevin con la pequeña carmelitana de Lisieux tiene bastante de interesante. El 15 de octubre de 1897, quince días después de la muerte de Teresa, Jacques Sevin, que se había formado en los jesuitas, en el "College de la Providence" de Amiens, participa en un retiro espiritual que lo marca profundamente. A sus quince años, se siente llamado a seguir a Cristo. A los dieciocho años entra en la Compañía de Jesús.
Ordenado sacerdote en 1914, pronto se interesa en el método de educación dejado por Baden-Powell, que él conoce en Inglaterra ya desde 1913. Después de la guerra, él funda una Compañía de Guías (una sección de jóvenes) en Mouscron, en el departamento de Nord (región francesa en el límite con Bélgica) y participa en 1920 en un encuentro tras el cual se decide la creación de la Federación de los Scouts de Francia. El canónigo Cornette es nombrado Asistente General y el Padre Sevin Comisionado General mientras el Presidente es el General Louis de Maud'hui, héroe de la Gran Guerra.
Se sabe que el Padre Servin, fue en Francia por quince años el alma del Scoutismo católico, escribió la mayor parte de los cantos scouts que aún hoy continúan cantándose como La leyenda del fuego...
Ya en sus años de formación, leyó la Historia de un Alma. Teresa lo cautiva de tal modo que en 1911, cuando inicia los estudios de teología en el Escolástico francés de Enghien, en Bélgica, el publica en el Mensajero del Sagrado Corazón de Jesús un artículo de treinta páginas titulado "La pequeña Santa de Lisieux, Sor Teresa del Niño Jesús y del Rostro Santo". En este artículo escribe "que si bien Teresa vivía efectivamente la "infancia espiritual" de ningún modo su santidad era infantil. Su mortificación interior, su apostolado, su espiritualidad no tuvieron nada de pueriles. Y si un día, como nosotros lo esperamos se vera elevada a los altares, la devoción a Sor Teresa del Niño Jesús y del Rostro Santo no será monopolio de los niños."
Aquello que lo fascina es la simplicidad de Teresa, su confianza, pero sobre todo su inalterable alegría. Son las disposiciones de ánimo que él hará suyas para toda la vida y que se esforzará más tarde para hacer florecer en el ánimo de los scouts: "El scout es dueño de sí mismo: él sonríe y canta aún en las dificultades", dice el octavo artículo de las Leyes Scouts. En una larga poesía que él escribe en 1913 en honor de Teresa, afirma:
"Tu doctrina es sabia y asegura tu camino,
es necesario ser sincero de corazón para seguirte
y si tu evangelio es aquel de la alegría,
no se comprende bien que es a través del sufrimiento..."
En el mes de julio de 1914 Padre Sevin, que tiene 41 años, se traslada en peregrinación a Lisieux con dos jóvenes de Lille. Él quiere agradecer a Teresa, que hacía poco había sido declarada Beata por el Papa Pío XI, por haber sanado, en marzo de aquel año, a André Nöel, un joven scout de Lille. "Tomamos el tren a París Saint-Lazare por Mantes-la-Jolie, donde nos bajamos y nos pusimos en marcha, cuenta uno de ellos. Hicimos el trayecto en diez etapas. Llevábamos todo sobre nuestras espaldas, el Padre era buen cargador. Teníamos una pequeña carpa para los tres... El Padre se las arreglaba bastante bien también para cocinar. Sabía encender el fuego aún con la leña húmeda. Todas las mañanas íbamos a celebrar la Misa en una iglesia del pueblo. Llegamos finalmente una tarde cerca de Lisieux; desde una colina podía verse la capilla del Carmelo. Al día siguiente, en silencio bajamos. Después de la Misa fuimos recibidos en el Carmelo por la hermana de Teresa del Niño Jesús. Estuvimos dos días en Lisieux."
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Al regresar, el Padre funda un grupo scout al cual da el nombre y los colores de la Beata Teresa del Niño Jesús. Los scouts del grupo IX Lille llevan todavía hoy un pañuelo marrón y blanco, ¡los colores del Carmelo!. El domingo 17 de mayo de 1925, el día en el cual Santa Teresa fue canonizada, el grupo scout IX Lille reunido en la Iglesia de la Madeleine, se consagra a Santa Teresa de Lisieux diciéndole: "Nosotros te veneramos, te aclamamos como nuestra Protectora, nuestra Patrona, nuestra pequeña Reina, nuestra Santa."
En agosto de aquel mismo año, Padre Sevin regresa en peregrinación a Lisieux con André Nöel, el joven que había recibido el milagro de Lille. Fueron a pie desde Evreux a Lisieux. Celebraron la Misa en la capilla del Carmelo y rezaron largamente frente a las reliquias de Teresa.
Un año antes de su muerte, en 1950, el Padre Sevin, hará otra vez la peregrinación tan querida a su corazón. Tal vez entonces retoma en su oración aquello que había escrito en su poesía de 1913:
"Concédenos, cuando cansados por el camino recorrido,
no sintiendo más que el peso de la fatiga,
Pequeña Santa, seguidos de un gran amor,
la generosidad de sonreírle a la vida
para tener la dulzura de sonreírle a la muerte."
Es por consiguiente, evidente que la espiritualidad que el Padre Sevin trataba a de transmitir a los scouts franceses, fue por mucho tiempo encargado de la formación de sus jefes, se inspiraba mucho en el "Pequeño Camino" de Teresa y mostraba con gusto que su mensaje acordaba con profundidad con el de San Ignacio de Loyola: "Mensaje de fe en la Providencia, mensaje de fe en el Amor misericordioso, mensaje de renuncia y desapego así como lecciones de energía, fuerza del Espíritu Santo, pertenecientes a la Eucaristía".
Recordaba a menudo a sus scouts el pasaje de la oración que el grupo XI Lille había pronunciado el 17 de mayo de 1925: "Haz de nosotros, oh Santa Teresa, generosos a ejemplo tuyo, y haz que de ahora en adelante consigamos no negarle nada al Señor, que nosotros podamos ser siempre sus hijos simples y dóciles, llenos de abandono en su Providencia, que a través de nosotros, sobretodo, permanezca sin mancha la pureza de nuestro corazón, para que al atardecer de nuestra vida podamos, como vos, sonreír a la muerte, confiando nuestra alma a Dios".
Padre Sevin animaba especialmente a los scouts a no tener miedo seguir a Cristo, a partir del ejemplo de aquella que no había dudado en dejar la comodidad de Buissonnets para entrar al Carmelo. "Si nosotros acampamos, si vamos al campo con nuestros jóvenes -decía- no es solamente para ponerlos en contacto con la naturaleza, primer manantial de cualquier educación; es también sobretodo - para finalmente darles e imprimirles en su ánimo y para toda la vida esta mentalidad de acampantes, esto es de hombres libres, independientes de la tierra, de los lugares, de los bienes, hombres que no se aferran a nada, ni siquiera a su carpa, y que como consecuencia están siempre listos".
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