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No se puede quedar indeferente frente al hecho que ha estado evidenziado un círculo continuo de células entre el concebido, en las varias fases de su vida intrauterina, y la madre.
Es un intercambio de células las cuales quedarán por largo tiempo, quizás por toda la vida, y serán el signo evidente de una unión profunda, tanto que, con una intuición verdaderamente significativa, en una entrevista con el Profesor Salvatore Mancuso publicado en el periódico "Avvennire" ha sido titulada " El embarazo dura toda la vida".
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Es impresionante pensar como aquella relación tan profunda entre madre e hijo, en los nueve meses de gestación, continue en modo tan evidente a travez del tiempo, es decir cuando el hijo vive una vida autónoma.
Ha estado recientemente observado que el pasaje de las células del feto a la madre inicia muy temprano, es más, a partir del quinto día de la concepción y que es más evidente de la cuarta semana.
La presencia de estas células fetales en casi todos los órganos maternos, por ahora acertado más alla de los treinta años del nacimiento del hijo, pero es ciertamente más evidente en los órganos linfáticos y en la médula ósea donde se coordina el sistema inmunitario.
Esta permanecia de células fetales en los tejidos maternos, unidamente a las células maternas, viene definido quimerismo, porque se trata de la coexistencia de dos lineas celulares geneticamente distintas.
El diálogo continuo que, el feto primero y el embrión después, hace con la madre, a travez del envío de sus células es fundamental, porque en tal modo se asegura la tolerancia inmunitaria y los adaptamientos metabólicos, además de la protección para las células nerviosas que se van formando.
Hecho interesante es que también por parte de la madre vienen enviadas células al hijo y también en el hijo estas células maternas persisten en la edad adulta.
Este tráfico entre madre e hijo nos lleva a un persistente estado quimérico de células que se introducen sobretodo en el sistema de inmunocompetencia de ambos.
La importancia del intercambio de células de madre a hijo, y viceversa, es de una relevancia ecepcional sea por el aspecto fisiopatológico que por aquello bioético dado que es la fisiologia que debe sostener la base de una verdadera ética biológica que prescienda de qualquiera visión sectorial, que como tal desfigure de partida el verdadero objetivo bioético.
En esta óptica asume gran importancia el hecho que ya desde las primeras investigaciones del 1979 ha estado evidenciado que estas células fetales encontradas en la madre pueden ser puestas en evidencia porque llevan grabado sobre su membrana células antígenas heredadas del padre.
La madre por lo tanto habrá, quizás por toda la vida, las células fetales del hijo con la marca indeleble del padre.
Con estas investigaciones ¿Cómo pueden ser encuadrados algunos problemas de gran relevancia bioética que involucran la reproducción y la concepción, objeto de tantas discusiones a menudo discordantes?. ¿Cómo debe ser encuadrado el rol de la maternidad?. ¿Cual es la relación paterna a la luz de estos intercambios celulares?
Las interrogativas pueden ser muchas, sobretodo los cambios bioéticos son verdaderamente tantos y en modo parrticular abren siempre nuevos horizontes sobre la perfección de la ley que regula la vida y al mismo tiempo la defiende.
Con las posibilidades tecnológicas de nuestros tiempos,.mientras de una parte se puede participar mejor a la protección de la vida, de la otra se están cumpliendo manipulaciones y adulteraciones que alteran la ley básica.
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Hoy sabemos de este intercambio de células y sobretodo que el intercambio que incumbe al embrión sucede ya algunos días después de la fecundación, es decir, en las primeras divisiones que se realizan en las trompas uterinas. Estas investigaciones hacen por cierto aumentar la perplejidad que suscita la fecundación en vitro, no solo porque su realización viene hecha esclusivamente en laboratorio, con el salto de tantas fases fundamentales para la maternidad sino también porque falta aquel primer intercambio de células estaminales, las cuales, justo en las primeras divisiones ,son aquellas con más alta potencialidad.
En la ley natural es previsto este íntimo intercambio entre la madre y el concebido para que la simbiosis entre los dos seres sea al máximo y los dos, habiendo cada uno su propia identidad , sean profundamente integrados sobretodo a travez del sisitema inmunitario que es aquel que nos hace reconocer y entonces aceptar o rechazar al otro.En otros términos el hijo en el utero materno siendo una entidad biológica diversa, no viene rechazado porque en el sistema inmunitario de la madre están sus células específicas que lo reconocen.
A la luz de esta simbiosis tan profunda ¿Cómo considerar el aborto que con tanta frecuencia hoy es practicado?. La madre se habrá liberado del embrión o del feto, pero ciertamente no podrá cancelar aquellas células que han penetrado en ella quedando, quizás por siempre, como memoria futura en su sistema defensivo.
Otro problema ético es también, la fecundación heterologa, la cual, más alla de la ejecución en vitro, utiliza espermatozoides de donadores extraños a la pareja. Si se tiene presente que las células fetales llevan gravado el codigo genético también del padre, se comprende aún mejor las profundas discreciones sobre este tipo de fecundación : la mujer llevará por años , y quizás por toda la vida , células con la marca de un desconocido,quizás mercante del mismo sémen.
La permanencia de células fetales con la marca indeleble del padre lleva también a otra consideración, que toma inicio de una frase bíblica. En el Génesis se lee que los dos esposos son como una sola carne. Bién, la permanencia de las marcas paternas a travez de la células fetales en el cuerpo da la mujer ¿no es quizás expresión de una unidad corporea que supera quelquier tentativo de rechazo, dado que se exprime justo en el sistema inmunitario de la mujer?.
En tal contexto¿Cómo puede incerirse la utilización del así llamado " útero en arriendo"?. No es solo por aquellos nueve meses en los cuales la mujer ha arrendado su útero para hospedar un embrión concebido en vitro, es para toda su vida que, a pesar suyo , tiene que hospedar células de aquel feto que además llevan la marca de un hombre que para ella es axtraño.
A la luz de estas consideraciones y más alla de los enredos jurídicos, nos preguntamos: ¿ A cual da las dos madres, la productora del huevo o la hospitante, biologicamente pertenece la neonata?. Quizás a la madre que ha arrendado su útero y que lleva la marca ideleble del hijo, es la más legitimada.
A la luz de estas consideraciones, que parten de datos científicos , adquiere un particular significado también la otra frase bíblica: " Eva fué la madre de todos los vivientes".
Atención: no se dice que Adán fué el primer padre de todos los vivientes, sino Eva!. En este contexto ¿No es quizás más justo reencontrar una justa evaluación y rol de la mujer justo en las primeras páginas del Génesis?.
¿No es quizás la maternidad el aspecto más calificado que emerge de las investigaciones científicas que hoy reproponen y consienten una lectura de la Biblia, vieja con tantos milenios, pero que resulta más actual y vivificante que las investigaciones modernas?.
En un ambiente prebalentemente machista como era aquel bíblico, la supremasia de la maternidad de Eva para todos los vivientes deja entrever una anticipación de otra investigación biológica según la cual sería posible retroceder a los orígenes de las razas a travez de los estudios sobre el patrimonio del DNA de las mitocondrias de las células femeninas, orgánulos que como se destaca son fundamentales en las células para la producción energética y en particular en el huevo fecundado para su desarrollo y su división.
Con las manipulaciones sobre el inicio de la vida y con un progreso tecnológico impredecible y siempre más avanzado, se pueden conseguir resultados que superan grandemente cada previsión de ciencia-ficción, atentos si de no llegar a la Babel de una ciencia que se destruye a si misma.
Ciencia y fé que una cierta cultura laica, demasiado ciega, querian mantener distantes, justo de las investigaciones científicas, encuentran unidad como dos caras de una única moneda en el cual su valor es dado no solo de las figuras estampadas sobre la medalla, sino también del metal, soporte indispensable que la distingue.
La bioética puede ser comparada al metal sobre el cual están impresas de un lado la fé que respeta sobretodo la ley de la naturaleza y del otro una ciencia que debe descubrir las leyes naturales.
Sin una visión bioética correcta y honesta, que parta de una ciencia no condicionada ni condicionable de ideologias o de economias que utilicen la tecnología para su proprio uso y consumo, no podremos jamás acuñar aquella medalla impresa por las dos caras : medalla que es la única moneda válida que no irá jamás fuera de uso.
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