Traslado del cuerpo de Nina Moscati a la iglesia del Jesús Nuevo
(Miércoles 18 de Febrero del 2009) - 2

Sebastiano Esposito s.j.

[Traducción de las Monjas Adoratrices Perpetuas]

El "regreso" de Nina Moscati al Jesús Nuevo -- Introducción al motivo de la solemne Concelebración (II)
Homilía de Su Excelencia Mons. Antonio Di Donna, Vicario General de la Diócesis de Nápoles

Introducción al motivo de la solemne Concelebración - II [Sebastiano Esposito s.j.]

Al momento de la muerte ha habido una extraordinaria concurrencia de gente, como fue escrito por el Osservatore Romano:

La muerte di Nina Moscati

"Tocada por un inexorable mal, se extinguió en Nápoles, en pleno vigor de sus años, la piadosa y virtuosa señorita Nina Moscati, hermana del deplorado e ilustre Profesor José, cuyos restos mortales, el año pasado, fueron acogidos en el depósito canónico de la iglesia del Jesús Nuevo. En comunión de sentimientos con el santo hermano, generosamente concurría en el espíritu del apostolado.

Mujer silenciosamente caritativa, benéfica, fue, sobretodo, maternalmente primorosa en ver orientada, hacia los senderos espirituales la floreciente juventud estudiosa. De piedad sólida, cristianamente fuerte y austera, reiteradamente provada por el dolor y la adversidad de la vida, dejaba trasparentar, en el franco porte de la persona, en el gesto casi viril, en la rigurosa modestia de vestir como religiosa y en las formas encantadoras y señoriles, su alma rebozante de fervoroso y santo entusiasmo, que tenía por dentro y objetivo Cristo Señor, a cuyo Corazón ella habría querido conducir toda la juventud de nuestras escuelas públicas. Y supo rodearse de tal estima y admiración que consiguió el consenso de las Autoridades escolásticas locales, que le facilitaron el cumplimiento de aquella nóbel misión que ella tenacmente perseguía.

Por eso, Ella era, el alma de la Piadosa Obra de la Conservación de la Fe, que tanto bien lleva a cabo a favor de la juventud estudiosa napolitana. Fundada hace varios años, ha recibido siempre mayor incremento de S. E. el Cardenal Ascalesi que quiso confiar la dirección a un Delegado suyo, el Exc. Mons. Meo, Obispo titular de Metone. Antes de que el aprendizaje religioso entrara oficialmente en las escuelas públicas la Piadosa obra, con hábiles sacerdotes y con piadosas señoritas debidamente preparadas provenían a impartir el dicho aprendizaje en todas las iglesias adyacentes a las escuelas de la ciudad. Nos Parece verla aún, siempre digna y sonriente, la buena señorita, cerca de todos nuestros institutos, en las distintas horas del día junto a celadoras y piadosas cooperadoras a las cuales ella supo infundir este fervor ideal de bien, esperar que pasaran los atrevidos jóvenes y, con modos señoriales y obligacionista, invitarlos a participar a los cursos de religión.

Después cuando, al inicio del pasado año escolástico, el aprendizaje religioso fué acogido oficialmente en las escuelas, dicha Obra Pia se ocupó más directamente de la asistencia espiritual de la juventud estudiosa. Y a millares, por el paterno interés de S. E. el Cardenal y por la incansable obra de la activísima señorita Moscati, los jóvenes estudiantes de nuestras escuelas medias y las señoritas de las escuelas magistrales han hecho, este año, el Precepto Pascual en una atmósfera de recogimiento y de conmoción inolvidable.

Por consiguiente, creemos no errar reteniendo que cada joven estudiante conserve todavía en su ánimo una palabra buena de aquella criatura elegida que, con figura materna, lo acompañó casi de la mano, a los pies del sacerdote para recibir el sacramento del perdón y después a los pies del altar para recibir la divina Eucaristía...

Su Excelencia Mons. Antonio Di Donna mientras bendice
la urna que contiene los restos mortales de Nina Moscati.
[Fotografía Nello Di Cesare].

Apena se cerró el año escolástico y ella pudo dar tregua a sus exuberantes actividades este magnífico campo del apostolado, se manifestaron los primeros síntomas de aquel mal que la llevaría a la tumba. Después de incontables sufrimientos que rindió más limpia el alma temerosa, el Señor la llamó hacia Él, el día en que la Iglesia celebraba la fiesta de la Virgen de las Mercedes: Ego ero merces tua magna nimis.

Los funerales, que se desenvolvieron al día siguiente en la iglesia del Jesús Nuevo, la cual fue el campo específico y fecundo de su apostolado fueron una apoteosis. La amplia iglesia era literalmente llena: con S. E. el Cardenal Ascalesi estaban los LL.EE. Mons. Marini, Arzobispo de Amalfi, (primer biógrafo de Moscati) y Mons. Dell’Isola, Obispo de Cava y Sarno, además de, muchos Canónicos de la catedral, muchísimos sacerdotes y representantes de las órdenes religiosas masculinas y femeninas. La nota más conmoviente fue dada por nuestra juventud de estudiantes, masculina y femenina, que se concentró, llorando, alrededor del ataúd de ella y se derrochó, generosamente, las flores más bonitas, casi no dejándola ver: extremo atribuido de reconocimiento infinito...

El solemne pontificial de réquiem fué celebrado por S. E. Mons. Meo con mucha conmoción de parte de los presentes. Por eso, después del canto de la libertad y la absolución al féretro, se formó el cortejo fúnebre, al cual participó espontáneamente una inmensa muchedumbre de autoridades, prelados, sacerdotes, religiosos, monjas, estudiantes, como también grandes representaciones de colegios femeninos y una multitud interminable de señores y señoritas pertenecientes a la Pia obra de la conservación de la Fe. Pocas veces se ha visto un espectáculo parecido: un mar ondeante de pueblo conmovido que, lacrimoso, seguía el féretro de la inigualable difunta.

Se preguntaba vivamente a los lectores la caridad de un particular sufragio".

Hoy Nina regresa denuevo entre nosotros, a nuestra disposición como una vez y más de una vez, capaz y voluntaria en las obras buenas no solamente materiales sino también espirituales a favor de cada uno de nosotros.

Acordémonos de ella y también, por qué no, encomendémonos a ella. Ciertamente su hermano estará muy contento y también, en cierto modo, obligado a concedernos las gracias que necesitamos.

No nos queda que decir con gran alegría, exaltantes: Nina Moscati, hermana del Médico y hermana nuestra, ¡ruega, ruega, ruega por nosotros...!!! ¡Amén!

Homilía de Su Excelencia Mons. Antonio Di Donna, Vicario General de la Diócesis de Nápoles

Hemos escuchado en la palabra de Dios los fragmentos que la liturgia propone en este miércoles de la VI Semana del Tiempo Ordinario. En la primera lectura hemos escuchado un fragmento del génesis de la alianza que Dios estrecha con Noé después del diluvio.

Es una de las tantas alianzas que Dios estrecha con el hombre a lo largo de la historia y es una alianza que abraza toda la creación y expresa la fidelidad de Dios con su pueblo, su fidelidad a todo lo creado. Una fidelidad que dice que, Dios vela sobre los hombres, vela sobre nuestra historia. A través de esta alianza con Noé Dios estrecha un pacto con su pueblo, con la creación y con la Historia. En el Evangelio que hemos escuchado Jesús cura un ciego, es el signo de que Él es la Luz que ilumina todos los hombres que vienen a este mundo.

Nos guiamos de estos dos mensajes de la palabra de Dios, para entender como el Señor nos habla aún a través de los acontecimientos de cada día. Su fidelidad es una fidelidad que marca las estaciones: cada día es un don de su amor y es un signo de su presencia en medio de nosotros.

La alianza entre Él y nosotros, una alianza que nosotros hemos estrechado en el bautismo y la renovamos cada vez que celebramos la Eucaristía, como hacemos esta tarde, una alianza cotidiana que vé a Dios siempre fiel y nosotros, en cambio, traicioneros e infieles. Esta alianza sostiene nuestra esperanza: nosotros caminamos cada día, no caminamos hacia la nada, no somos fruto de la casualidad, porque un Dios ha estrechado su alianza con nosotros, se ha aliado a nosotros, se ha unido a nosotros, no con palabras y leyes, sino nada menos mediante su hijo Jesús, Él es la alianza definitiva, es el vínculo de amistad, de diálogo que Dios estrecha con nosotros los hombres.

Una vida que viene así vivida a la luz de la alianza, una vida que se lleva adelante así a la luz de esta amistad, de este pacto que Dios estrecha con nosotros, es ciertamente una vida rica de bien, una vida de confianza, de esperanza, una vida que nos rescata del sin sentido, nos libra de la angustia, porque Dios está con nosotros.

Y también la curación del ciego de parte de Jesús indica esta alianza que es activa, concreta, porque la palabra del Señor, acompañada de los gestos, trae salud, curación, salvación al hombre sumergido en las tinieblas. Una vida iluminada por la palabra del Señor, que se desata a la Luz de Él, es una vida capaz de vencer también las tinieblas.

La alianza y la luz que viene del Señor han sido también la guía, los criterios inspiradores en base a los cuales S. José Moscati ha vivido su vida de científico, de médico, de cristiano, de hombre de caridad. Esta tarde también estamos aquí reunidos porque queremos recordar a su hermana, Nina, cuyo cuerpo ha sido puesto hace algunos meses al lado de su hermano Santo, aquí, en la sala de esta gran iglesia.

La intervención que ella ha tenido en la vida de su hermano, en la vida del Santo, en la vida del médico José Moscati, parece de percibir una especie de santidad doméstica, una sensación de vida casera, cotidiana, en la cual Joselito Moscati y su hermana Nina son una especie de "complices en hacer el bien".

Uno se fía del otro, uno es el brazo de la otra. Nina Moscati compartió con su hermano el ideal evangélico de la caridad. Fue su confidente, colaboradora, como una especie de "secretaria".

Ciertamente hay indicaciones en sus memorias que hacen comprender esta colaboración estrecha entre Nina y Joselito. Sé que antes de esta Celebración habéis escuchado una catequesis sobre la colaboración, sobre la intervención de Nina en la vida de su hermano Santo.

Quisiera solo retomar un aspecto de esta colaboración, por qué delante de nosotros están estos modelos, uno de santidad, San José Moscati, el otro ciertamente de una persona que ha vivido su Fe con gran coherencia y testimonio, mujer que, siendo enseñante de escuela elementar, se consagró generosamente a la vida doméstica, primeramente para ayudar a la mamá y después, cuando murió ella, para ser un poco el elemento de unión entre sus jóvenes hermanos.

Ella era la que sostenía a su hermano; en sus testimonios dice que Joselito no pedía nada, necesitaba seguirlo y proveer a todo para él. En un testimonio dice nada menos así: "Para hacerle comer alguna cosa con gusto, a veces necesitaba decirle que la había cogido porque ninguno la deseaba. O bien que se alteraba… Siempre mil razones para darle alguna comida un poco particular, o para proveerlo sin que lo supiera de todo cuanto necesitaba".

Nina recogía el poco dinero que dejaban encima de su mesa los clientes más ricos. Su hermano cuando regresaba de las visitas médicas reponía las escasas cantidades aceptadas y ella recogía todo y pensaba varias obras de caridad, incluida la instrución para la catequesis.

Ella era su confidente, colaboraba con él incluso por las necesidades espirituales. Cuando en el hospital llegaba algún enfermo no bautizado, rápido él lo comunicaba a su hermana Nina, y ésta se movía para hacer la celebración del bautismo al pobre enfermo.

Y cuántas veces, regresando a casa en la tarde después de una jornada Extenuante, Joselito, contaba a la hermana de haber ido a casa de una familia pobre, de los cuales le daba la dirección...Nina comprende y al día siguiente toca a la puerta de un bajo, o de un apartamento de nobles fracasados, llevando algo que quizás ha sustraido de la mesa diaria.

Son pequeños episodios de esta sección familiar, de este vivir como cristianos que han tomado en serio el Evangelio y lo viven al pie de la letra. Es una catequista, colabora con la instrucción de la catequesis, aquí, en la Diócesis de Nápoles, sobretodo cuando aún no había el aprendizaje de la religión en la escuela, y es una mujer consagrada. Nina se consagra a Dios con votos privado, y al final, solo a distancia de cuatro años, alcanzaba a su hermano en el Cielo, el 24 de septiembre del 1931, después de una larga enfermedad.

La urna que contiene los restos mortales de Nina Moscati,
puesta en el Oratorio dedicado al Médico Santo.

Después de la muerte del hermano gozaba porque su fama de santidad se afirmaba, pero era reacia y se pertubaba cuando por la calle venía señalada como la hermana del Médico Santo. Con mucha sagacidad recoge los recuerdos de su hermano, escribe a personas que han estado en contacto con él, o porque son conocidos, o alumnos, a sus asistidos para tener testimonios, los recoge de tal modo que después venga redactada la primera biografía del Prof. Moscati.

Al final se la ingenia con el Padre Aromatisi, jesuita, para la posición canónica de los restos mortales de su hermano en la iglesia del Jesús Nuevo. Una testigo muy fuerte, guiada también ella por la misma luz, por la misma alianza, lo dice en una carta al hermano: "La Fe en Dios es mi guía, y doy gracias al Señor de la Luz que me dá y porque reconozco que proviene únicamente de Él".

Mirad, queridos devotos de S. José Moscati, que cosa hace el Evangelio cuando viene tomado en serio...he aquí los frutos de la alianza de Dios con los hombres... mirad que cosa produce la Luz en la vida de hombres y mujeres, cuando esta Luz es acogida y la dejan penetrar en la vida cotidiana.

Pedimos una vez más al Señor , por intercesión del Médico Santo, que ha tenido como colaboradora en la obra de caridad la hermana Nina, que también nosotros podamos permanecer fieles a la alianza que el Señor ha estrechado con nosotros, alianza que renovamos cada día en la Eucaristía, y que siempre podamos hacer espacio en nosotros a la Luz que ilumina cada hombre que viene al mundo, pidamos a él de no caer en las tinieblas, sino ser hijos de la Luz, de la Justicia y de la Verdad.

Primera parte

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