Las "Reducciones" del Paraguay -
Los Misioneros Jesuitas en la América latina - I

Enrico Padoan s.j.
Traducción de Olga Cipollaro

TerritorioLos primeros jesuitas Los GuaraniPrimeras ReduccionesRazias - Sagrado experimento - Vida y actividad en las Reducciones - Preservar la identidad de un pueblo

El territorio entre Perú y Brasil del Sur

Estas páginas nos llevan exactamente en medio de la América Meridional, en la época en que Paraguay, Uruguay y Argentina no existían. Al extremo oeste, exactamente en frente del Océano Pacífico, había el viejo y gran Perú, saquearon su oro y su civilización Inca debido a la arrogancia de Pizarro. Al extremo los Portugueses empezaban a colonizar los territorios que daban sobre el Atlántico, ellos ya le habían dado el nombre de Brasil.

Los jesuitas Anchieta y Nobrega fundaron en 1553 la ciudad de San Paolo. Entre estas dos regiones se extendieron tierras ilimitadas dominio de la selva, surcadas por los grandes ríos Paranà, Paraguay y Uruguay.

En 1527, pocos años antes que Pizarro conquistarà el Perú, Sebastián Caboto, al servicio del rey de España, desembarcó en las costas de la bahía, dónde luego, surgirá Buenos Aires. En 1536 Juan de Ayolas fundó en el interior la ciudad de Asunción.

De acceso difícil eran las tierras inmensas habitadas por tribus de etnia Guarani, seminómadas, que se habían rebelado muchísimo contra la tiranía de los colonizadores españoles. Desde siempre estas tierras eran también escenario de conflictos sanguinarios entre los Guarani y otras tribus indígenas: los Tupis.

Desde hace algún tiempo otra plaga devastaba la región, el mameluques, había innumerables incursiones: propiciadas por los Tupis, capturaban a los Guaranis para venderlos en los mercados de esclavos de San Pablo.

La Corona portuguesa cerraba los ojos sobre estas razias porque juzgaba que era una excelente vía de penetración hacia el interior, para obtener el oro peruano. Los colonos españoles y portugueses tenían un gran deseo de penetrar en estas tierras para someter definitivamente a los Guaranis y explotarlos.

Llegada de los primeros Jesuitas

En este contexto de rapacidad y tiranía, hacen aparición los jesuitas. Fundados en Roma en 1540, habían llegado a Río de la Plata en 1585. Dominica Reginaldo de Lizaraga obispo de Tucuman pide que vayan a su presencia, tres de ellos llegan a Asunción: el Portugués Manoel Ortega, el Catalán Joan Salons y el Irlandés Thomas Fields.

Los tres se ponen a disposición de los colonos, pero al mismo tiempo comienzan a penetrar en la región disputada, al este de Asunción precisamente en el Guayrà, y a ponerse en contacto con los indígenas de la zona, los famosos Guaranis. El hecho de conocer la lengua local fue ciertamente la base de su éxito.

Por el contrario, las relaciones con los colonos españoles comenzaron rápidamente a deteriorarse. La razón es simple: los jesuitas no admitían que ellos esclavizaran a los nativos, y exigían el respeto íntegro de las leyes protectoras creadas por la Corona de España.

El contraste llegó a tal extremo que la Compañía de Jesús juzgó conveniente retirar sus misioneros de la región paraguaya. Eso tenía el aire de un acto de renuncia. De hecho los jesuitas querían ganar tiempo, para prepararse mejor y más diplomáticamente a su entrada en Paraguay.

El primer problema que debían enfrentarse era el siguiente: ¿Estas regiones del interior pertenecían de verdad a España? ¿Y si enviaban Jesuitas portugueses o en cualquier caso no españoles, España o sus colonos podrán plantear problemas?

Es cierto que el Tratado de Tordesillas había trazado la línea de demarcación entre los territorios pero cada una de las dos Coronas reconocía este Tratado solamente para reivindicar derechos verdaderos o presuntos, pero se ignoraba cuando se trataba de aplastar los derechos reivindicados de la otra parte, injustamente o con razón.

Por lo que se refiere a la Compañía de Jesús, el general de los jesuitas, el Italiano Claudio Acquaviva, corta esta dificultad: no asigna estos territorios ni a la Provincia de Perú, ni a la Provincia de Brasil, pero instituye una novedad, puede enviar misioneros de cualquier procedencia: a la Provincia de Paraguay.

Estatua de San Miguel Arcángel en una "reducción" de Paraguay

Claudio Acquaviva había aprendido de Jesús que hace falta ser "prudentes como serpientes ". Pero Jesús había dicho también: "os envío como corderos en medio de los lobos." Y corderos en medio de los lobos serán precisamente los misioneros jesuitas italianos, españoles, alemanes, portugueses, belgas, irlandeses, checos, ingleses, etc, enviados a Paraguay. Dónde los lobos no serán los salvajes Guarani sino los colonizadores civilizados y cristianos, resueltos a cortar una gran prueba de evangelización, y en consecuencia de civilización.

Los Guaranì

Lo primero que harán los misioneros será impulsar a los Guarani a parar su nomadismo, con todo lo que eso implicaba. Los Guarani vivían en enormes chozas multifamiliales llamadas malocas. En cada una de ellas todos los descendientes de un anciano habitaban con sus mujeres y sus niños. En un único maloca podían vivir incluso doscientas personas en la promiscuidad más total. Cada maloca formaba a menudo parte de una comunidad más ancha. Su jefe era: el Cacique. Vivían de la caza, de la pesca, de todo lo que el bosque les ofrecía. Practicaban también una agricultura primitiva con la cual obtenían comida y un poco de otras cosas

El Cacique tenía mucho trabajo en controlar que todo el mundo, sin ninguna excepción, que nadie se eximiera de su contribución. La renta de estas actividades cada vez más se compartida entre los miembros de la comunidad. En caso de guerra se le reconocía una autoridad coercitiva. Y la guerra no era algo raro. Había también el jefe religioso: el Payé . Daba el nombre a los recién nacidos y se ocupaba a los enfermos con sus prácticas de médico-brujo.

Sobre estos grupos había otra autoridad, él Caravié, gran chaman. Vivía como un nómada y en soledad, pero de vez en cuando aparecía para recordar la gran verdad: vivimos en la Tierra-mala, debemos volver de nuevo en el Ywy-mara-ey, la Tierra-sin-el-mal, donde los hombres vivían juntos con dioses. Luego, para desgracia de los hombres, vino un diluvio y los dioses crearon a la Tierra-mala. Cada vez que los Guarani se desplazaban, pensaban en esa tierra sin el mal tanto soñada.

Sus valores fundamentales eran el amor entre los padres y sus hijos, no concebían la propiedad privada, por eso cada guarani vivía de la solidaridad del grupo. No era el fruto de una ideología colectivista, pero como contrapartida hacía el mismo efecto: una indolencia colosal así como la falta de toda iniciativa personal. Se documentan otros elementos: permiso sexual desenfrenado, poligamia, embriagadez, rituales colectivos. Por otro lado "las guerras tribales entre Tupi y Guarani eran crueles. Se destruía cada pueblo conquistado y los habitantes matados. Se sacrificaba a los supervivientes ritualmente" (Armani).

Las primeras “Reducciones”

Los jesuitas ya habían hecho comprender a los Guaranis que no tenían la intención de convertirlos en esclavos. Realmente querían solamente que las leyes españolas referentes a la ayuda de los Indios no siguieran siendo papel mojado. Era la única condición necesaria para la evangelización. De todo esto, por fin el responsable de la administración española en Río del Plata, Hernando Arìas de Saavedra, se dio perfectamente cuenta e ignoró la oposición tan estúpida por parte de los colonos.

El 26 de noviembre de 1609 el teniente general de Paraguay y de Río del Plata, el capitán Pedro de Anasco decreta una resolución por la cual estaba absolutamente prohibido a los españoles entrar en la zona del Guayrà, y de reclutar Indios para su servicio personal. Era el nacimiento, al menos desde el punto de vista jurídico, de las Reducciones de Paraguay.

Padre Marciel de Lorenzana y Padre Francisco de San Martin se encaminan hacia el sur en la región del Alto Paranà. Ya en los últimos días de 1609 comienzan a formar a la primera comunidad y con esto el nacimiento de un pueblo con el nombre de S. Ignacio. Otros misioneros llegan.

Dos años después Padre Rocco Gonzales de Santo Cruz sustituye a padre Lorenzana. Es un Criollo, es decir, un hijo de colonos nacido en Asunciòn. Conoce bien el idioma y las costumbres de los Guaranis. Eso le permite acercarse con éxito a los indígenas: música, danza, cantos coral, organización y cuidado afectuoso de los niños: cosa que conquista el corazón de los adultos. Arquitecto, albañil, carpintero sabía hacerlo todo con sus propias manos. Nació así la organización sistemática del trabajo de los Guarani que se habían revelado muy hábiles en el aprendizaje de todo trabajo manual.

En 1628 él payé Nezù, celoso del protagonismo que los misioneros van adquiriendo, organiza una revuelta. El 15 de noviembre P. Rocco Gonzales y P. Alfonso Rodriguez son destrozados mientras que están construyendo el pequeño campanario del pueblo que más tarde tomadrà el nombre de Martirios. Dos días después vuelve del P. Giovanni del Castillo a otro pueblo. La guerrilla se propaga, y en un mes amenaza con devastarlo todo.

Diccionario Guaraní, compuesta por P. Antonio Ruiz s.j. en el 1639.

El 20 de diciembre, durante un combate contra otros Guarani guiados por los caciques Neenguirù y Tabacambì, Nezù y los suyos son batidos y la revuelta se acaba. Muchos rebeldes vuelven de nuevo, confiando en la capacidad del perdón por parte de los misioneros. Este acontecimiento nos hace pensar cuáles eran los riesgos, los cansancios físicos y morales, la alternancia estresante de esperanzas y decepciones sufridas por los misioneros en la realización de esta realidad histórica que fueron las Reducciones de Paraguay. En cualquier caso, al final del año 1628 en la zona del alto Paranà una docena de pueblos ya existían, aunque se los hubiera construido sobre estructuras primitivas.

Al este de Asunción, entre los ríos Paranapanema e Iguazù, los pioneros son P. Giuseppe Cataldino y P. Simone Mascetta. También la fundan en un tiempo record la primera Reducción, quizá la primera, como buenos Italianos lo llamaron Loreto. Otros misioneros llegan. El empeño es intenso, e incluso en el Guayrà, en 1628, se cuentan ya 13 Reducciones.

Veinte años solamente habían bastado a los jesuitas - entre los que recordamos particularmente P. Antonio Ruiz de Montoya - para crear 25 pueblos, con una población de 50-60 mil individuos. Para estos indígenas primitivos eso representó un cambio de vida, muy diferente con relación al nomadismo anterior, sea individualmente o socialmente.

Nos preguntamos cómo los misioneros han conseguido convencer a estos salvajes indígenas. Quizá percibían confusamente que su "cultura" realmente trastornaba sus potencialidades ocultadas y les impedía que se realizaran completamente.

Por su parte los jesuitas eran empujados por dos imperativos: evangelizar a estos "hijos de Dios", y recibir implícitamente los buenos gérmenes presentes en estado embrionario en sus tradiciones y en sus hábitos, ayudándolos a traducirlos en la vida vivida.

Saqueos para reducir a la esclavitud a los Guarani

Hay que observar que los Guarani seguidos por los Portugueses y los Españoles que querían someterlos, reconocieron quizá en los misioneros jesuitas a los hombres que querían y sabían ayudarles a defenderse. Los mamelucos de San Pablo, aliados con los Tupy, organizaron varios saqueos con el fin de someter como esclavos a los Guarani.

A las llamadas desesperadas de los jesuitas, las autoridades españolas respondían de manera insuficiente y las portuguesas con la connivencia. Atacaron y casi destruyeron todas las Reducciones del Guayrà.

Para los jesuitas es el momento acaba de tomar todas las iniciativas necesarias para salvar su obra y su Guarani. A pesar de las defensas legislativas, el superior provincial Diego de Boroa proponen formar a un verdadero ejército Guarani, debidamente armado. Padres y hermanos coadjutores, hombres de armas proporcionan la instrucción y la organización. Se comienza incluso una producción rudimentaria de armas de fuego. En 1638 Ruiz de Montoya es enviado a España. No le sirvió a nada señalar que estaba en juego la existencia de la colonia española de Río de la Plata. Y consigue al menos que la formación del ejército Guarani no esté prohibida.

El año siguiente, 1639, P. Diego de Alfaro, a la cabeza de ejércitos Guarani pone en derrota a un ejército de mamelucos, bajo la mirada asombrada de una columna de apoyo Española neutra. Siguen dos años de paz, pero en 1641 aparece un imponente contingente muy aguerrido de quinientos paulistas, dos mil quinientos Tupi, novecientas canoas y un potente armamento. Se trata de dar el golpe decisivo para poner fin a las Reducciones de los jesuitas y a la presencia de España en estos territorios. El contingente desciende por el curso del río Uruguay. Los atalayas Guarani denuncian la proximidad del enemigo, y los esperan a la confluencia del Río Mbororé con el Uruguay. Es el 11 de marzo de 1641.

Bajo un fuego violento y súbito el enemigo ataca precipitadamente y sorprende a los paulistas sobre el río: trescientos fusiles e incluso un cañón rudimentario. Protegidas por este fuego de presa, ochenta canoas Guarani se precipitan sobre el contingente adversario y lo desmantelan. Los mamelucos intentan descargar, pero el cacique Nicolàs Neenguirù los espera con los suyos. La batalla sigue durante mucho tiempo y se termina con la derrota completa de los invasores que dejan inmediatamente más de dos mil muertos. Seiscientas canoas, más de cuatrocientos fusiles y arquebuses caen en las manos de los Guarani.

La batalla de Río Mbororé invierte completamente la situación, y consagra para la historia fronteras de influencia según criterios imprevistos. Pero eso interesa a la historia civil. Por nuestra parte, nos interesa saber, que la batalla de Río Mbororé señala el final de una pesadilla para los jesuitas y para sus Guarani. En adelante "la experimentación consagrada" de las Reducciones del Paraguay puede seguir.

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Parte segunda

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