Dichosos los de corazon limpio porque ellos verán a Dios Domenico Marafioti s.j. [Traducción de Romina Masecchia] |
La sexta beatitud. La pureza del corazon està en el amor conyugal.
Las beatitudes
Las beatitudes son el centro del Discurso de la montaña (Mateo 5,1 - 12). Jesús anuncia el Evangelio del Reino y se dirige a los pobres, los abandonados por todos, pero queridos por Dios. La pobreza, el sufrimiento, la injusticia y el dolor amenazan la existencia humana, sin que el hombre pueda defendirse o escapar. Pero Dios ayuda a los pobres abandonados y a los que no tienen nada en este mundo él prepara el Reino de los Cielos. Allá ya no existirán larmas, pobreza sino vida y joia sin fin por quién participa a la eterna felicidad de Dios.
Las Beatitudes son benediciones, y las bendiciones son promesas de Dios. Dios benedice a los pobres: a los hombres que nunca reciben buenas noticias, porque están siempre oprimidos por la estrechez, Dios les dice palabras de amor. El suyo no es solamente un deso, porque su palabra es Omnipotente. Por eso Dios hace el bien que dice. Con la misma omnipotencia con la cual ha creado el mundo ahora prepara un mundo de amor para los pobres. Las beatitudes son, entonces, promesas que Dios hace a los pobres, a los apenados, a los perseguidos a todos los que sufren.
Jesús anuncia lo que Dios va a hacer por los hombres destruidos por la necesidad. Se deviene dichosos, no porque no se tiene nada sobre esta tierra- este es una causa de dolor- pero se es dichosos porque Dios prepara para los pobres un futuro de esperanza (Jeremías 29,11). Así dice Jesús a sus discípulos : <<No tengan miedo, mi rebaño pequeño, porque es la buena voluntad del Padre darles el reino" (Lucas 12,32).
Las Beatitudes tienen dos dimensiones, terrena y escatologica. Dios realiza sus promesas en parte en el tiempo y completamente en la eternidad; ahora en la esperanza, y en fin en la realidad. La certitud de la complacencia rellena de joia desde ahora y nos hace vivir con confianza las dificultades actuales, soportando el peso de la vida cotidiana en la perspectiva de la felicitad definitiva. Las beatitudes son, entonces, una palabra de esperanza para todos delante al sufrimiento presente, porque nadie se replegue sobre si mismo, y se deje tomar por las penas donde se encuentra. Por el contrario él tiene que vivir en la confiada espera de Dios que realizará por todos el bién del que habla en las beatitudes, que son una benedición para el hombre peregrino en el tiempo.
La limpieza del corazón
La sexta beatitud concierne la pureza del corazón: <<Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios>> (Mateo 5,8). En el lenguaje bíblico el corazon es el centro de la persona. En este maduran las decisiones importantes de la vida, allí cada uno busca sí mismo y sus identica, allí cada persona decide de sí mismo, en su relacione con los otros, con el mundo y con Dios. El corazón limpio hace limpio todo el hombre, el corazón malo lo hace malo.
En el debate sobre puro y impuro Jesús dice que no son las cosas exteriores y materiales que hacen impuros. Este es lo que pensaban los fariseos que tenían una concepción materialista de la pureza. Ellos indentificaban el puro con el limpio y por eso se lavaban y hacian muchas abluciones rituales; Además ellos consideraban impuros incluso unos alimentos y evitaban comerlos y los prohibían a los otros. Hoy siguen haciendo así con los judios y los musulmanos con la carne de cerdo y otros animales.
Jesús por el contrario declara que la pureza es algo interior y espiritual. Lo que corrompe y hace impuros, no son las cosas materiales sino el pecado; no es lo que se acerca a los hombres desde el exterior sino lo que viene desde el interior que determina las conductas personales de cada uno: <<nada de lo que entra en una persona puede contaminarla>>, porque entra en el estómago y no en el alma. Lo que sale de la persona es lo que la contamina. Porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona (Marcos 7,18.20-22).
Desde la dimensión interior y espiritual del hombre, desde su alma y desde su corazón proceden los deseos y las buenas o malas acciones. Si las acciones son malas van a corromper todo el hombre: en effecto él es malo en su interior donde ha pensado y deseado el mal; y es malo al exterior, donde se enfrenta de una manera negativa y hace cosas negativas a los otros. Así el corazón, centro de una persona, define de manera positiva o negativa toda la persona.
El corazón parece a una fuente desde la cual nace todo. Si la fuente es buena, todo va a ser bueno; si la fuente está contaminada, todo va a ser corrompido. En este sentido Jesús dice: <<De la abundancia del corazón habla la boca>>, porque cadauno pone fuera lo que lleva adentro. Y añade: <<El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón saca el bien, pero el que es malo, de su maldad saca el mal>> (Mateo 12,34-35). Hace falta un corazón que sea limpio, bueno y generoso, porque la vida y todas las cosas que se hacen sean buenas. En particolar el corazón es la residencia y la fuente del amor. Por eso se ama Dios << con todo tu corazón>> y al prójimo <<como a ti mismo>> (Mateo 22,37-40). La limpieza del corazón está, entonces, en la limpieza del amor, y el amor es puro cuando es verdadero. No es solamente sincero, sino verdadero, o sea, libero desde el egoísmo.
Dichosos los de corazón limpio porque ellos veran a Dios
Ententamos mirar mas cerca la beatitud: <
El amor entre dos personas tiene que ser verdadero y real y entonces será puro. El amor ama y quiere el amor para el otro y quiere hacer el bién del otro, por eso dona al otro y recibe el dono que el otro quiere hacerle. En este dono generoso, el amor llega a olvidarse de si mismo y se sacrifica para la persona amada. Este es el amor verdadero y limpio. Pero si en el amor alguien ententa buscar a si mismo y a sus propios intereses, y, por eso, instrumentaliza él otro el amor será mentiroso y malo. La limpieza del corazón, entonces, es la limpieza del amor que ama la verdad. Quién ama verdaderamente se dona con generosidad y gratuidad, y acoge el otro con respeto y agradecimiento.
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Muchos aspectos del amor humano y espiritual han sido analizados con profundidad por Papa Benedicto XVI en su primera enciclica Deus caritas est, del 25 diciembre 2005. Después haber explicado el sentido de las dos palabras griegas para indicar el amor, eros y agape, él anima los otros a proseguir la via del amor de Dios y del projimo: <
La pureza en el amor conyugal
La limpieza del corazón se refiere a todas las relaciones entre personas en las cuales está emplicada la dimensión afectiva. Podemos hablar de amor por los padres, los hermanos, los amigos. Pero una elación particular, afectiva, intima, intensa es el amor conyugal, donde hombres y mujeres se aman con sus almas y sus cuerpos totalmente y siempre.
El amor conyugal es algo interior del corazón que se manifesta con el cuerpo. La intimidad de la persona, donde cada uno acoge el otro de una manera exclusiva, se realiza en la intimidad del cuerpo, donde la unión sexual exprime y realiza el dono reciproco y total entre el hombre y la mujer. La limpieza, entonces, es algo que pertenece al corazón y a la interioridad de la persona pero concierne también el cuerpo y la sexualidad. Incluso en la sexualidad hay verdad y autenticidad o egoísmo y mentira: cuando hay verdad hay limpieza en el amor, cuando hay egoísmo hay impureza.
Quién ama con limpieza puede controlar la sexualidad para que la rebusqueda del placer pueda realizar y manifestar el amor conyugal interpersonal. El matrimonio es el lugar en el cual el amor conyugal se realiza en la unión sexual. El hombre y la mujer unen sus cuerpos, porque han unido ya sus vidas en el amor. Si, pero, hay una sexualidad que busca el placer sin amor, de consecuencia está comprometida por el egoísmo y por esto va a ser impuro.
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