Una intervención de Nuestra Señora de Loreto
a los orígenes del Hospital de los Incurables de Nápoles:

la historia de la Ven. Maria Longo - II

Alfredo Marranzini s.j.
[Traducción de Antonella Nappo]

Adaptación del texto, con adjunta de noticias por el libro de P.Agostino Falanga
y de Monseñor Ercolano Marini, bajo la dirección de Egidio Ridolfo s.j.

Una carta de San José Moscati -- Maria Longo peregrina a Loreto en el 1516 -- La cura milagrosa -- Regreso a Nápoles y fundación de los "Incurables" -- Ejemplo entusiasmante -- Maria Longo fundadora de las Clarisas Capuchinas -- José Moscati a los Incurables -- El Hospital como sagrario y maestro -- Maria Longo y José Moscati -- San José Moscati peregrino a Loreto -- Oración a Nuestra Señora de Loreto

José Moscati a los Incurables

S.José Moscati (a la derecha),
con dos colegas de trabajo de los Incurables.

Tenemos que decir que desde el principio, muchos médicos famosos trabajaron en el Hospital de los Incurables también enseñando a los jovenes la teoría y la práctica de la medicina. Estos médicos fueron los pioneros de una escuela que fue muy famosa durante los siglos XVII y XVIII, gracias a la obra de Marco Severino, Mario Zuccaro, Leonardo de Capua, Luca Tozzi, Tommaso Cornelio y muchos otros.

Durante el siglo XIX, la escuela médica salernitana fue abolida, y por muchos años existieron en el Hospital de los Incurables las clínicas de cirugía, medicina, obstetricia y oftalmología de la Real Universidad. Pero en el hospital se practicaba también la enseñanza libre teórica y práctica gracias a un Colegio médico-quirúrgico, del cual formaban parte Domenico Cotugno, Domenico Cirillo, Michele Troia, Francesco Petrunti, Antonio Cardarelli, Giuseppe Moscati, Luigi D’Amato y otros.

José Moscati, recién licenciado, se formó en las salas austeras de los laboratorios de química y de fisiología, para descubrir con sus investigaciones la causa de las enfermidades y curarlas. El especialista en anatomía patológica trabajaba asistido por la microbiología.

Desde el principio, la profesión de Moscati en el Hospital de los Incurables fue sorprendente. Muy joven pareció – entre los colegas más viejos - una revelación imprevista. El Hospital siempre estaba presente en sus pensamientos volviendose su casa, su lugar de trabajo, su lugar preferido. Muy pronto Moscati se volvió polo de atracción por profesores, médicos jovenes y estudiantes.

En un primero momento, la cosa suscitó algunas sonrisas porque el ejemplo de Luciano Armanni, Amabile, Capozzi, Virnicchi, Biondi, Casini, D’Ambrosio, Fazio, Senise y muchos otros había estado considerado muy poco. Después la sonrisa de los escépticos desapareció y todos los jovenes del Maestro fueron respectados y alguien empezó a trabajar por su cuenta en las calles de la asistencia y de la ciencia.

Hospital de los Incurables: claustro de la Maternidad.

Moscati, siguiendo con empeño de estudioso y de investigador las disciplinas nuevas, como la fisiología y la química biológica, no se olvidó de la anatomía patológica, volviendose maestro en el ejercicio de las autopsias. Moscati daba mucha importancia al control necroscópico de los casos estudiados en Hospital. En el momento del reconocimiento deseaba la presencia de todos los médicos y estudiantes que habían curado el enfermo porque pensaba que esta fuese la demostración mejor y tangible que sus discípulos pudiesen obtener para acrecentar su preparación.

Lo dice él mismo en la carta del 11 de septiembre de 1923 al prof. Pentimalli: "Creo que todos los jóvenes de mérito que han emprendido... el camino de la noble medicina, tienen derecho a perfeccionarse mediante la lectura en un libro que no ha sido imprimido con caracteres negros sobre papel, sino que tiene como soporte las camas de hospital y las salas de laboratorio, y como contenido la carne doliente de los hombres y el material científico, libro para leer con infinito amor y gran sacrificio hacia el prójimo.
He pensado que instruir a los jóvenes es un deber de la conciencia, así como evitar la mala costumbre de mantener celosamente oculto el fruto de la propia experiencia, que hay que revelarles..."

El médico santo también reflexionaba sobre la fragilidad humana. Luciano Armanni, sobre la puerta de la sala anatómica, había puesto la inscripción: "Hic est locus ubi mors gaudet succurrere vitam" ("Este es el lugar donde la muerte socorre la vida"), y Moscati ponió un Crucifijo sobre la pared de la sala con la siguiente inscripción: "Ero mors tua, o mors" ("¡Yo seré tu muerte, oh muerte!").

Con esta frase (5),invitaba a rendir homenaje al Cristo, o sea la vida que regresaba después mucho tiempo en aquel lugar funéreo, y también daba un verdadero significado a la otra inscripción, porque solamente en el estudio profundo de las lesiónes orgánicas se pueden buscar auxilios muy útiles para prevenir, diagnosticar y curar. Así la muerte está en manos del médico como instrumento de amor para el prójimo.

El hospital como sagrario y maestro

Moscati amó intensamente el Hospital de los Incurables, sagrario por los enfermos y maestro por los médicos jovenes y los estudiantes, y este amor lo incitó a escribir a Benedetto Croce para protestar contra un decreto del Ministerio de Educación y Ciencia, que autorizaba las clínicas universitarias en los hospitales, así prohibiendo la enseñanza libre a los Médicos que dirigían las secciones hospitalarias.

Los hospitales napolitanos gracias a una antigua tradición eran de hecho el maestro de esta enseñanza y en ellos se había formado la casi totalidad de los médicos del sur, muchos de los cuales han marcado unas tapas importantes en la historia de la medicina. Por eso la monopolización de la enseñanza libre de parte de los universitarios habría seguramente cancelado una escuela próspera.

Delante de esta posibilidad Moscati está lleno de justa indignación que, sin sometiendose a la fatalidad de una decisión ministerial, se remanga y escribe casi una filípica contra un decreto que "quiere someter los hospitales a las clínicas universitarias", permitiendo "la invasión de los profesores oficiales de clínica con todo sus servidores" y la "monopolización de los profesores oficiales del maestro clínico" (6).

Esto es solamente un ejemplo de la obra del Médico santo en su Hospital, y quiero citar algunas palabras de su colega Pietro Capasso: "Había ... algo místico en la escuela de Moscati en los Incurables, donde la ciencia austera era seguida sin interferencias, embellecida por una atmósfera de alta moral, iluminada por su eterno ejemplo.

En la grande y antigua III Sala, así llena de su obra, no se formaban solamente intelectos clínicos sino se modelaban las almas también. Era una admirable síntesis de un cenáculo espiritual, donde la ética y el saber se confundían para elevar el hombre y el médico a los umbrales del apostolado" (7).

Maria Lorenza Longo y Josè Moscati: una exhortación laboriosa

No solo grandes figuras de médicos han contribuido a la importancia del hospital de los Incurables, de hecho tenemos que acuerdarnos también de de espléndidas figuras de Santos y Beatos que han trabajado para los enfermos. José Moscati, último de esta serie, junta en sí mismo los dos aspectos, lo del grande médico y investigador y lo del Santo, canonizado por la Iglesia en 1987.

Como dice P.Agostino Falanga, "la historia de este Hospital, que fue el 'Príncipe' entre todos los otros, ejerció mucho ascendiente bajo todos los aspectos: ético, religioso, científico y humanitario, como se vee gracias a la interminable sucesión de personajes que siempre lo frecuentaron" (P.Agostino Falanga, op.cit., p.93).

Los siguientes son solamente algunos Santos entre los muchos que están citados en el libro de P.Falanga: S.Gaetano Thiene (1480-1547), S.Andrea Avellino (1521-1608), S.Francesco Caracciolo (1563-1608), S.Francesco de Geronimo s.j. (1642-1716), S.Alfonso Maria de' Liguori (1696-1787), S.Maria Francesca de las Cinco Llagas (1715-1791) todavía hoy mucho invocada por el pueblo napolitano, el Ven.Don Placido Baccher (1781-1836), S.Giovanna Antida Thouret (1765-1826), las cuyas hermanas todavía hoy trabajan en hospital, la Beata Caterina Volpicelli (1839-1894), muy importante por S.José Moscati y por el Beato Bartolo Longo, fundador del famoso santuario de Nuestra Señora de Pompei, el Beato Ludovico da Casoria (1814-1885) e S.Josè Moscati (1880-1927).

Antes el último conflicto mundial, se podía ver de plaza Cavour el edificio imponente del Hospital de los Incurables, que desde la calle de abajo, con muros a guisa de bastión, se elevaba sobre Calle Foria-Museo, llegando hasta S.Aniello a Capo Nápoles.

A causa de los bombardeos, la parte del hospital delante de la calle Foria fue destruida, pero todavía hoy existen el cuerpo principal, con el grande portal de piperno y el patio monumental. Y en el interior todavía está el busto de Maria Lorenza Longo, la noble catalana que, haciendo de Nápoles su segunda patria, ha dejado un grande monumento de fe y de caridad.

Sobre una pared del grande portal, en ocasión de la canonización en 1987, ha estada dedicada una inscripción a Josè Moscati, que dice "Moscati era un ejemplo mirable de científico y laico, que ejerció cotidianamente la caridad en estas salas de dolor y de esperanza, donde empezó y continuó hasta su muerte su sublime misión, haciendo todo para amor y donando sin mesuras tesoros de ciencia iluminados de gracia" (8).
Maria Lorenza Longo y José Moscati invitan hoy todo el mundo a seguirlos al servicio del amor.

San Josè Moscati peregrino a Loreto

El Hospital de los Incurables y la figura de San José Moscati están unidos al Santuario de Loreto – espiritualmente y históricamente. De hecho nosotros sabemos que el médico santo tenía una devoción mariana profunda, muy importante por su vida espiritual.
Pero es interesante saber que – todavía niño - José Moscati fue a Loreto con su familia como peregrino.

La familia Moscati, como sabemos, vivió en Ancona desde hace 1881 hasta los primeros meses del 1884, y esta ciudad no está muy lejos de Loreto. Mons. Ercolano Marini, Arzobispo de Amalfi, o sea el primero biógrafo de Moscati, habla de este peregrinaje familiar a la "Santa Casa" de Loreto, y sabemos que su fuente principal es Nina Moscati, hermana del Santo, que tuvo mucha importancia en la vida espiritual y humana de José. Citamos lo que escribe Mons. Marini, destacando la importancia de esta biografía que fue imprimida y difundida ya en 1929, solamente dos años después la muerte del Prof. Moscati.

"En 1881 los Moscati se trasladaron a Ancona, la ciudad dórica, capital de la región Marche. En aquel tiempo, la ciudad parecía olvidar las antiguas glorias religiosas […] En aquel período nefasto era muy arduo practicar la religión en Ancona; se corría el riesgo de molestias y represalias. Los empleados públicos tenían que decidir entre su propia conciencia, renunciando al ejercicio de los deberes religiosos, o su carrera. […]

El Consejero del Tribunal de segunda instancia, Caballero Francesco Moscati, sin dudas o arrogancia escuchaba devotamente la santa Misa y recibía con frecuencia la Santa Comunión, junto sus hijos. La Iglesia que frecuentaba era la dedicada a los Santi Cosma y Damiano, cerca plaza de la Posta, donde estaba palacio Rosini, su casa.

Su pública profesión de fe era un estímulo especialmente por los jovenes, los cuales eran objeto de esta descristianización, y mostraba que la practica de la fe se puede unir con la cultura, con los altos cargos del Estado y con el amor por la Patria. […]

En este período de tiempo se realizó un deseo. El magistrado Moscati con su familia fue peregrino a Loreto, sobre las colinas del Lauro y del maravilloso Piceno, donde los Angeles llevaron en 1294 la Santa Casa de Nazaret, la Casa que fue el Santuario de la Encarnación del Verbo, y que fue la casa de la Familia más Santa, todavía hoy atración mirable y única en el mundo.

La mano suave del arte ha contribuido a su belleza preciosa, la piedad del mundo cristiano ha protegido este lugar gracias a una grandiosa Basílica, y el fervor de los Papas y la generosidad de los Reyes han llevado aquí muchos tesoros.

Pero cuando nos vamos a Loreto, todas las riquezas son ofuscadas por la luz vibrante de la modesta Casa de Nazaret. Sus paredes ásperas, sobre los cuales se pone el beso ferviente de las generaciones de veinte siglos, dan llamas de amor, que encenden las almas.

La familia Moscati, con veneración profunda, fue a Loreto para cumplir todos los actos de piedad cristiana, y nunca se olvidó de aquel santo lugar Josètenía tres años, pero cuando era adulto pensaba con mucho sentimiento a la Santa Casa Nazarena donde, gracias a la Encarnación del Verbo, la creación hubo el Primogénito, la Iglesia su Rey, el mundo su Salvador.

Durante los primeros meses del 1884 ael magistrado Moscati descubre una posición más bella y más deseada, con su promoción al Tribunal de segunda instancia de Nápoles"."

(Mons. Ercolano Marini, Arzobispo de Amalfi Il Prof. Giuseppe Moscati della R.Università di Napoli, Giannini, Nápoles, 1930, pp.15-19.)

Una oración a Maria, Nuestra Señora de Loreto
de Angelo Comastri, Arzobispo de Loreto

¡Oh Maria Nuestra Señora de Loreto,
el mundo echa de menos de ti!
Tu "casa" pequeña es el recuerdo más elocuente
de valores perdidos pero todavía soñados:
las piedras pobres silenciosamente hablan
y gritan que Dios es la riqueza más verdadera;
la sencillez enseña y suavemente nos acuerda
que la modestia es la tierra de la grandeza verdadera.

Oh Maria, Nuestra Señora de Loreto
el silencio de tu "casa"
guarda un "sí" que nos pertenece
y al cual todo el mundo pertenece:
es el "sí" que ha interrumpido
la cadena de nuestros 'no';
es el "sí" que se ha vuelto Cuerpo del Hijo de Dios,
Salvador del mundo ayer, hoy y siempre.

Oh Maria, Nuestra Señora de Loreto,
mientras los siglos y los milenios pasan,
nosotros nos apoyamos en tu Corazón de Madre
para recitar en nuestro corazón pobre
la melodía de tu "sí",
que nos llena de Eterno
y nos vuelve peregrinos felices
hasta la "Santa Casa" de los hijos de Dios. Amen.


Notas:
5.
Frase inspirada al profeta Osea 13,14.
6.
Cfr. las dos cartas a Benedetto Croce y la exposición al presidente de los Hospitales Reunidos, en Marranzini, op.cit., pp.118-137.
7.
In E.Marini, II Prof. Giuseppe Moscali, Napoli, 1929, p.148.
8.
Se remite al artículo del Prof.Guerrieri: Il Prof. Giuseppe Moscati preferì il lavoro nell'ospedale alle glorie accademiche.


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