S.Giuseppe Moscati, Benedetto Croce
y el campanero de Santa Chiara
Alfredo Marranzini s.j.
[Traducción de Carmen Smaldone]

[Articulo publicado en el Observador Romano de 3 de Junio de 2006]

Abriendo el Observador romano de 19 de Febrero de 2006, el título del elzevirio despertó mi curiosidad: “Benedetto Croce fabulador”, en el que Mario Gabriele Giordano pone de relieve dos características del filosofo no muy indagadas: “fabulador y narrador”.

"En caso de que se abriera cualquier de los volumenes en los que están reunidas las casi treinta mil paginas que él produjo, en setenta años de intensa actividad cultural – escribe Giordano – la primera impresión que se saca es la de una afabilidad de tono cautivadora, de una plena cordialidad y de una extroversa comunicatividad, que en general son características de una conversación confidente. El curso de algunos pasajos en particular es de verdad tal que deja intuir la imagen de un interlocutor, [...] y el gesto que sigue las palabras".

Benedetto Croce (1866-1952)
filósofo, historiador y hombre político.

La gestualidad de Croce "algunas veces daba lugar a episodios agradables, como en el caso de aquel original obra de arte de la conversación mímica con el campanero de la iglesia de Santa Chiara". Croce, molestado en su trabajo, leventando de la ventana de su proprio bufete su mano hacia el muy amplio fornix del campanario, intenta hacer entender su molestia al tindío, que con abilidad mueve rítmicamente diferentes cuerdas y realiza un concierto que invita a la oración y a las funciones litúrgicas.

En en el elzeviro no está el nombre del campanero que sigue tirando sus cuerdas, confiando en la benevolencia del filosofo hacía él. Circustancias imprevisible me permitieron en 1941 encontrar Croce y Fraile Damiano Ruggiero, del orden religioso de los Clérigos menores, sacristán y campanero de la Basílica de Santa Chiara.

Como nací en Santa Lucia de Serino (Avellino), ciudad natal de Francesco Moscati, padre del “Médico Santo”, desde mi juventud conocí su hijo Domenico y, después de mi entrada en la Compañía de Jesús, colaboré con él por la beatificación de su hermano Giuseppe.

Como tuve que trasladarme a la Pontificia Facultad Filosófica en Gallarate (Milano), quise hacerle una visita de despedida por la tarde de 4 de Septiembre de 1941. alrededor de las 16 me invitó a ir en compañía de él a ver a Croce y Fraile Damiano. Tan pronto como giramos por la calle Cisterna de l’aceite hacía Plaza del Jesús Nuevo, se delineó delante de nosotros el majestuoso majestuoso campanario de Santa Chiara, empezado el 13 de Marzo de 1328 sobre solicitud de Sancia di Maiorca, que obtuvo de su esposo Roberto de Anjou 500 onzas de oro.

De la poderosa construcción, con grande basa a escarpadura, solo queda la parte inferior en losas de mármol, donde están incididas en letras góticas las fechas del principio de la construcción de la Basílica (1310), de la concesión de los privilegios franciscanos a la comunidad de Santa Chiara (1327) y de la consagración de la Iglesia (1348). El resto, caído en parte por el terremoto de 1456, fue rehecho en 1604 por Costantino Avallone, y el campanario fue reconstruido con ancho basamento y dos pisos renacentistas, uno doríco y el otro iónico, y fueron planeados otros dos pisos, uno corintio y otro compuesto, pero no fueron construidos.

A una distancia de diez metros, hay el palacio Filomarino, donde vivía Croce, construido en el siglo XIV por una parte de la familia Brancaccio, después fue rehecho por Giovanni Francesco De Palma en el siglo XVI para los Sanseverino, modificado en 1650 para remediar a los daños causados por la revolución de Masaniello, y restaurado otra vez al principio del siglo XVIII, cuando Ferdinando Sanfelice erigió el grandioso portal barroco.

San Giuseppe Moscati
(1880 - 1927)

Domenico Moscati y yo subimos la escalinata y al según piso nos recibió Croce con la máxima cordialidad. La finalidad de nuestra visita era retirar la carta que Giuseppe Moscati le había enviado el 22 de Febrero de 1924, por un problema que le preocubaba mucho respeto al progreso de la ciencia médica. El ministro de la Pública Instrucción de entonces, Giovanni Gentile, dos días antes había emanado el Decreto 549, con el que transformaba los hospitales en clínicas, impediendo así la enseñanza libre y excluyendo de esta regla solo la ciudad de Roma.

Giuseppe Moscati, también en nombre de sus colegas de trabajo, rogaba Croce que se afanara por la no actuación de este decreto, porque "sería dañino crear una oligarquía clínica oficial, a la que tendría que inclinarse todo el pensamiento médico de muchas generaciones".

Benedetto Croce, senador, entregando la carta que tenía que ser añadida a la documentación por la beatificación del médico que él estimaba mucho, subrayó la felicidad que habría causado a todos, creyentes o menos, su elevación a las honras de los altares.

Un repiqueteo portador de esperanza

Nos quedamos con Croce en una conversación que traía a la memoria muchos recuerdos, cuando empezó el tocar argénteo de las campanas de Santa Chiara. Croce, en modo alguno fastidiado, nos invitó a asomarnos a la ventana para observar el espectáculo de la manera en que Fraile Damiano tiraba con grande destreza sus cuerdas: "Es un frailecillo muy simpático, todo entregado al servicio de la Basílica de una manera incansable! Necesitamos también estos ejemplos". Cuando el repiqueteo acabó, él levantó su mano para saludar a lo que consideraba su amigo.

Dentro de unos minutos Domenico y yo fuimos a la Basílica para comunicar a Fraile Damiano la fecha en que tenía que ser oído como testigo presencial al proceso de canonización del profesor Moscati, que él, desde 1924 hasta 12 de Abril de 1927, había visto casi cada día, a las seis de la mañana, ayudar en la misa, comunicarse, rogar durante mucho tiempo de rodillas sobre la balaustrada de Nuestra Señora de la Misericordia y confesarse con Padre Virgilio Brizzi.

Al proceso informativo sobre la reputación de santidad del Médico en jefe del hospital de los Incurables, entre los testigos presenciales trece fueron profesores de medicina, y entre ellos nueve fueron sus alumnos, cuatro sus colegas de trabajo y dos, Gaetano Quagliariello y Filippo Bottazzi, uno bioquímico y el otro fundador de la Escuela Fisioòógica Italiana, Rectores magníficos de la universidad Federico II de Napoles.

La breve deposición de Fraile Damiano, que tenía solo una cultura elemental, pero de aguda inteligencia y de auténtico espíritu franciscano, no faltaba de valentía. Para él Giuseppe Moscati era “ el modelo del verdadero laico cristiano, hombre recto, intégerrimo, motivado por una fe viva, por una marcada caridad”, practicada a toda costa hacia las personas que pertenecen a todas las clases sociales, sobretodo las más pobres.

Mientras que rogaba en Santa Chiara, no quería ser molestado con preguntas no necesarias y a veces importunas. Fraile Damiano refiere algunas palabras de Moscati: "En casa y en el Hospital de los Incurables recibo y escucho quienqiuera necesite mi trabajo, pero cuando rogo en la Iglesia no quiero ser fastidiado".

Así fraile Damiano concluió su testimonio: "Siento devoción por el servio de Dios, guardo su imagen, muchas veces me he dirigido a él, he inviado los fieles a apelarse a su mediación y confio en su canonización".

Una Basílica donde se refleja la fe de Napoles

La Iglesia de Santa Chiara, que fraile Damiano custodió desde 1924, surgió por generosidad de Sancia di Maiorca, esposa de Roberto de Anjou, , que, sentiendose desde su juventud predispuesta a la vida claustral y no pudiendo actuar su vocación, quiso manifestar su propria devoción hacia la Santa, “ pequeña planta del Pobrecillo de Assisi ”, haciendo construir el grande monumento.

La Iglesia de Santa Chiara como se presentó
a los tiempos de San Giuseppe Moscati

Tal vez éste haya sido arquitectado por Gagliardo Primario entre 1310 y 1328 con aspecto gótico provenzal. Desde entonces aquí se refleja la fe de Napoles, aquí fueron coronados reyes y reinas, las autoridades civiles hicieron sus juramentos a los principes, aquí está guardado el vessillo estandarte de la batalla de Lepanto entregado por San Pio V a Giovanni de Austria, hermano de Filippo II.

Desafortunadamente entre 1742 y 1747 el aspecto interno originario de la Basílica fue completamente transformado por Domenico Antonio Vaccaro y por Giovanni Del Gaizo. Toda la estructura gótica fue revestida con una lujosa ornamentación barroca y la antigua cubierta de cerchas fue cubierta con una alta bóveda, decorada con estucos y frescos por Francesco De Mura, Giuseppe Bonito, Sebastiano Conca y Paolo De Maio.

El profesor Moscati, buen entendedor de historia del arte, a menudo traeva sus discípulos a Santa Chiara y, mientras les señalaba las más importantes obras maestras, introducía pensamientos de fe y los conducía a adorar el muy Santo Sacramento en la capilla de Nuestra Señora de Misericordia. Este maravilloso fresco fue pintado en la segunda mitad del siglo XVI por un discípulo de Giotto Giotto y fue expuesto en el siglo XVII sobre un altar creado por Cosimo Fanzago.

Entonces esta claro por qué Moscati envió a padre Antonio Morone un joven con este billete: "Mostrad a este joven estudiante calabrés las maravillas del monumento de Santa Chiara y reanimadlo en la fe conduciendolo a la practica. Ésto hará bien a sus nervios también".

La iglesia de Santa Chiara mantuvo este aspecto hasta hasta la tarde de 4 de Agosto de 1943, cuando unas granadas cayeron sobre el edificio y provocaron un incendio muy violento, que duró mas que 18 horas, destruyendo completamente la cubierta, la superestructura barroca y muchos monumentos que estaban guardados dentro, haciendo daño a algunos de ellos de manera irreparable, entre ellos el mausoleo de Roberto de Angió, esculpido por Giovanni y Paolo Bertini (1343-1345) y considerado el más artistico y grandioso monumento sepolcral producido por los marmolistas toscanos en Italia.

Quedaron solo las paredes peimétricas, ennegrecidas y desgarradas, trasformadas en guardianas desoladas de un montón informe de ruinas. Los que algunas horas antes eran frescos de Giotto o de sus alumnos, antiguas esculturas, mármoles preciosos, altares artísticos, ahora era carbonizado. El Aula Regis ya no era que una ruina fumante. Fueron destruidos también los andamios de madera de la torre, por eso se derrumbaron y se fracasaron cuatro campanas.

Ya los numerosos bombardeos habían destruido palacios lujosos de historia y de arte, humildes casas populares, templos venerables, obras y talleres. Una granada muy grande cayó sobre la Iglesia del Jesús Nuevo y, aunque aportó daños al altar de San Ignazio, por el impacto fisico, rebotó al lado opuesto quedando sin estallar delante de la tumba del profesor Moscati, ahí donde aún está hoy.

La destrucción de Santa Chiara afectó mucho más los napolitanos que permanecieron entre mil de peligros y los que evacuaron hacia lugares más seguros. Todos se entristecían por la noticia tremenda del estado miserando de la ciudad desde el punto de vista material – y un poquito moral también – en el que se encontraba. La canción Munastero 'e santa Chiara, (monasterio de Santa Chiara), compuesta por Galdieri y la música puesta por Barberis, expresa el ansia de los que están lejos, de volver a Napoles para constatar si es verdad lo que se decía:

"Dimane?... Ma vurria partì stasera! / Luntano no... non ce resisto cchiù! / Dice ca c'è rimasto sul'o mare, / che 'o stesso 'e primma... cchillu mare blu! / Munastero 'e Santa Chiara, / tengo 'o core scuro scuro, / ma pecché, pecché ogni sera / penso a Napule comm'era, penso a Napule comm'è?..."
"Tutt' 'a ricchezza 'e Napule... era 'o core. / Dice... c'ha perso pure chillu lla! / Monastero 'e Santa Chiara, 'nchiuse dint'a quattro mura, / quanna femmene sincere, si perdevano 'n 'ammore, se spusavano a Gesù!".

"Mañana?...Yo querría partir esta noche! / Lejos no...ya no puedo más! / Se dice que ha quedado solo la mar, / igual que antes...aquel mar blu! / Monasterio de Santa Chiara, / mi corazón está muy triste, / por qué, porque cada noche / pienso en Napoles como era, pienso en Napoles cómo es?...”
“Toda la riqueza de Napoles... era el corazón. / Se dice que haya perdido ésto también! / Monasterio de Santa Chiara, encerrado entre cuatro muras, / cuántas mujeres sinceras, han perdido un amor para casarse con Jesús!"

El corazón de todos los napoletanos sentía la distrucción de Santa Chiara como si hubieran perdido algo suyo, porque desde la Basílica, convento y monasterio anexos, que contiene el claustro cubierto de azulejos, creado por los hermanos Giuseppe y Donato Massa (1741-42), nació una maravillosa actividad religiosa y cultural.

"Post fata resurgo"

No era posible que Napoles, así sensible a los valores espirituales y así férvida promotora de los estudios historicos, se resignara a considerar perdido todo su pasado de fe y de gloria. Desde el día de la devastación ninguno dudaba que la Iglesia de Santa Chiara resurgiría para unir el pasado con el futuro, y confortar la fresca vena de vida religiosa entre el pueblo.

La diligencia de los Hijos de S. Francesco, entre los que merece particular atención el historiador P.Gaudenzio dell'Aia, encontró desde el principio una calida acogida entre las autoridades civiles, que pusieron a disposición fondos adecuados para una completa recostrucción. Como las superestructuras y los revestimientos dieciochesco habían sido detruidos, se decidiócon mucha felicidad devolver al Templo su antiguo aspecto gótico provenzal.

La Dirección general de los monumentos de Napoles dejo la restauración interna en manos del arquitecto Mario Zampino, y la organización exterior y de los jardines en mano del arquitecto Roberto Pane. Después solo de diez años la Basílica angevina del siglo XIV resurgió desde las cenizas, restituida a las origenes, en la serena sobriedad de los arcos ojivales, de los ajimeces, de los rosetones y en la sencillez lineal de las decoraciones, que se refieren con mayor fidelidad a la tradición de los Padres.

Domenico Moscati, llegado a ser alcalde de Napoles, y yo, en 1947 organizamos la commemoración de los veinte años de la improvisa muerte del profesor Moscati. Por la tarde de 12 de Abril fueron al Jesús Nuevo autoridades y personalidades de la ciudad y de las provincias meridionales, y una inmensa muchedumbre que llenaba el grande templo, las calles y las plazas circunstantes, para oír el discurso del profesor P. Francesco Pellegrino, vicedirector de la radio vaticana.

Al lado del Cardenal Marcello Mimmi, estaba en silenciosa concentración Benedetto Croce, mientras Fraile Damiano estaba apoyado en la tumba de Moscati.

Dos encuentros significativos

Cuando acabó la commemoración fue hacia Fraile Damiano, él me abrazó con gusto y me confió que desde que fue asignado al convento de Santa Chiara nunca dejó de rogar por algunos momentos hacia la tumba de su amigo Giuseppe Moscati.

Iglesia y campanaro de Santa Chiara.

A pesar de su renuencia, quise que fuera a saludar su otro amigo Benedetto Croce. El Filosofo, ya entrado en años, recibió de manera benévola el fraile campanero exclamando: "Fraile Damiano, ¿Cuándo volveré a oír el sonido de tus campanas y podré encontrarte en Santa Chiara? Quizás Moscati también haya sufrido por la destrucción de la Basílica y sobretodo del fresco de Nuestra Señora de la Misericordia en que, como él escribió, pensaba cada vez que empezaba el Ave Maria".

El frailecillo, emocionado, tartamudeó: "Las energías ya no son las de una vez. Dentro de unos años las campanas van a tocar eléctricamente y la Basílica se mostrará en su antigua sencillez, pero os faltará el fresco de Nuestra Señora de la Misericordia. ¿Veremos la canonización de Peppino Moscati? Los dos somos viejos y los procedimientos canónicos son interminables".

Croce añadió sonriendo: "Tal vez veamos la Basílica reconstruida y oigamos las campanas refundidas con el mismo bronce y plata que antes, , pero no estaremos vivos cuando canonicen Peppino Moscati".

Por la mañana del 4 de Agosto de 1953 la Basílica fue vuelta a consagrar por el Cardenal Mimmi, mientras que por la tarde fue inaugurada la siguiente inscripción sobre la esbelta fachada: “Después de siglos de glorias este templo, destruido por la guerra, renace ara de paz en el centro de Napoles antigua, y acoge los nombres y las memorias de los que han dado la sangre de sus venas con la esperanza de amor entre los pueblos”. Entre la inmensa muchedumbre había también fraile Damiano y Croce.

Todos escucharon en silencio el mensaje transmitido por Pio XII XII desde Castelgandolfo. El Pontífice, entre otras cosas dijo a los napolitanos:

"A vuestra felicidad de hoy por haber querido todos llevar a cabo una obra así difícil, se añade otra más alta y duradera, por ser vosotros mismo objeto de nuestra admiración y de toda la Iglesia. Un pueblo, que no quiere dejar en abandono sus iglesias destruidas, un pueblo que a pesar de que esté angustiado por muchas necesidades materiales, tiene la osadía y las energias para agacharse y recomponer los residuos de su pasado religioso y civil, un pueblo que con la misma voluntad y vivacidad con las que construyó sus moradas y sus obras, sabe encontrar las maneras para reedificar la casa de Dios y de la oración, es un pueblo digno de ser señalado a la admiración de los Ángeles y de los hombres, porque profunda y viva es su fe, elevada y ejemplar su cultura".

Al final de la función, mientras las campanas tocaban a fiesta, Benedetto Croce y fraile Damiano se abrazaron y se besaron, seguros que el auspicio para sus Amigo se realizaría: Giuseppe Moscati fue beatificado por Paolo VI el 16 de Noviembre de 1975, canonizado por Giovanni Paolo II el 25 de Octubre de 1987, y señalado a todos como modelo de laico cristiano de hoy y del futuro.


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